Trump, el mediador inesperado: entre el aislacionismo y el intervencionismo

Trump, el mediador inesperado: entre el aislacionismo y el intervencionismo

En su vuelta a la Casa Blanca, Donald Trump ha mantenido un discurso en el cual se ve a unos Estados Unidos más firmes en el sistema internacional, buscando nuevamente poner las condiciones y dejando atrás los años del mandato del demócrata Joe Biden, durante el cual dicha imágen de firmeza se había debilitado. La administración Trump está repitiendo recetas que había llevado a cabo durante su primer mandato, y profundizando estas aún más en estos primeros 7 meses de gestión, como su rol de mediador en conflictos internacionales y su crítica a los organismos multilaterales.

Un repaso de su primera gestión 

A pesar de mantener una postura crítica de la política exterior que había llevado a cabo Estados Unidos durante los últimos gobiernos, y de su lema “America First”, que básicamente consistía en un menor involucramiento de los Estados Unidos en conflictos externos, durante su primer mandato (2017-2021), la administración Trump llevó a cabo movimientos diplomáticos de alto impacto. 

Encontrando un equilibrio entre sus propios intereses estratégicos y el involucramiento en los mencionados conflictos, Estados Unidos apadrinó los Acuerdos de Abraham, que permitieron la normalización de relaciones entre Israel y Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Sudán y Marruecos. Con estos acuerdos, Trump buscó aislar a Irán y reconfigurar el tablero de Medio Oriente. 

En paralelo, Trump logró llevar a cabo un hecho histórico convirtiéndose en el primer presidente americano en reunirse con un líder norcoreano. Tuvo dos encuentros con Kim Jong-un, en Singapur y Hanói. Aunque no lograron la desnuclearización de la región, sí se logró una reducción en las tensiones en una zona donde el conflicto entre las dos Coreas está latente desde la finalización de la guerra. Además, logró acuerdos de menor envergadura, como cuando logró concretar un acuerdo económico entre Serbia y Kosovo, a pesar de que fue  un acuerdo más simbólico que resolutivo.

La agenda del segundo mandato

Durante estos meses que lleva de su segunda gestión, por más que el presidente Trump ha sido crítico del alto nivel de involucramiento de los Estados Unidos en eventos externos durante la gestión de Biden, el rol del gobierno americano ha mantenido su rol de mediador que tuvo durante los primeros cuatro años, llegando a ser una de las principales características de estos primeros 7 meses.

Desde el lado de las negociaciones, hay dos hechos que destacan en lo transcurrido de este primer año en el Salón Oval. En primer lugar, la mediación entre Armenia y Azerbaiyán, que desembocó en un acuerdo histórico que pone fin al conflicto Nagorno-Karabaj, que se prolongó por 37 años. Esta firma incluye disposiciones claves para la delimitación de fronteras, cooperación y normalización de relaciones entre ambos países. Además, el pacto sellado incluye el desarrollo del corredor de Zangezur, rebautizado como la Ruta Trump para la Paz y Prosperidad Internacional, conocido como “TRIPP” por sus siglas en inglés. Este corredor quedará bajo administración estadounidense durante 99 años, marcando una presencia directa de Washington en el Cáucaso, y logrando así disputar una región en la cual Rusia ha sido la principal influencia. A pesar de que la aplicación del acuerdo este pendiente por la necesidad de un referéndum y una modificación en la constitución armenia, ya que el acuerdo plantea cuestiones importantes en materia de soberanía, es sin dudas uno de los logros más importantes en materia de mediación para los Estados Unidos en las últimas décadas.

A su vez, el presidente Trump ha impulsado desde el momento en el que fue electo como presidente, un canal de negociación entre Rusia y Ucrania. Las previas reuniones con el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, la cumbre en Alaska con Vladimir Putin, y la reciente reunión del presidente Trump con los principales líderes europeos y Zelensky en Washington, demuestran un cambio de actitud con la administración anterior, que tanto en señales de debilidad como errores de cálculo, no logró impedir la escalada en las tensiones. Aunque todavía no se han alcanzado resultados concretos, ambas partes son optimistas respecto a un posible acuerdo que ponga fin a estos 3 años y medio de guerra. Sin embargo, Trump dejó en claro que la incorporación de Ucrania a la OTAN y la devolución de la península de Crimea, anexionada en 2014 por parte del régimen de Putin, estaban “fuera de la mesa de discusión”.

Además, en los últimos meses, ha tenido un rol principal en el conflicto entre Israel e Irán, donde, después de días de enfrentamientos, tomó la decisión de intervenir directamente y atacó el plan nuclear iraní de manera exitosa. Este ataque, sumado a los constantes hostigamientos por parte de las fuerzas armadas israelíes a bases y personal iraní, derivaron en un cese al fuego que terminó con lo que el propio presidente Trump bautizó como la “Guerra de los Doce Días”, haciendo alusión a la duración del conflicto. Sin la intervención de los Estados Unidos, este conflicto se hubiera extendido en el tiempo, por lo que nuevamente su rol es clave, aunque desde otra faceta.

En resumen, se puede observar cómo este rol de mediador del presidente de los Estados Unidos, algo transversal a la gran mayoría de las presidencias americanas, en el caso de Donald Trump, este lo adoptó como una de sus principales características. Repitiendo prácticas que ya había llevado a cabo durante su primera gestión, y manteniendo el discurso aislacionista y priorizando los problemas americanos, igualmente el presidente Trump desempeña el rol que se espera de un presidente estadounidense.  

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Franco Nunes

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