Parque Lezama, la bandera y el grito por Cristina Libre
En el Día de la Bandera, la militancia volverá a ocupar la calle con una consigna que atraviesa al peronismo y tensiona al sistema político: Cristina Libre. Este sábado, desde las 15, Parque Lezama será el escenario de un banderazo para reclamar por la libertad de Cristina Fernández de Kirchner y denunciar lo que amplios sectores del movimiento popular consideran una proscripción judicial.
La convocatoria, impulsada por La Cámpora y acompañada por organizaciones políticas, sociales y militantes de distintos puntos del país, tendrá réplicas en más de un centenar de municipios. No será apenas una concentración porteña. Buscará convertirse en una demostración nacional de fuerza, memoria y pertenencia política.
El traslado de la movilización a Parque Lezama no es un dato menor. Las manifestaciones frente al domicilio de Cristina, en San José 1111, quedaron bajo la lupa judicial luego de que se advirtiera sobre una posible revocación de la prisión domiciliaria si continuaban las concentraciones en la puerta de su casa. Así, el reclamo se desplaza unas cuadras, pero no se apaga. Cambia el lugar, no la consigna.
La situación de Cristina se convirtió en una herida abierta para buena parte de la sociedad argentina. Para sus detractores, se trata del cumplimiento de una condena. Para sus seguidores, de una decisión judicial cargada de contenido político, destinada a excluir de la vida pública a la principal dirigente opositora de las últimas décadas. Esa disputa no se resuelve sólo en tribunales: también se expresa en la calle, en las plazas y en la memoria colectiva.
Parque Lezama tendrá además un peso simbólico particular. Allí donde distintas fuerzas políticas buscaron construir identidad, ahora el peronismo intentará levantar una bandera propia: la de una dirigenta presa, una militancia activa y un reclamo que se niega a desaparecer del debate público.
Está previsto que Máximo Kirchner sea uno de los principales oradores del acto. Su presencia apunta a ordenar políticamente una demanda que crece desde abajo y que incomoda incluso hacia adentro del propio peronismo. Porque la consigna “Cristina Libre” no sólo interpela al Gobierno y a la Justicia: también obliga al campo nacional y popular a definir si está dispuesto a hacer de esa causa una bandera central.
La Argentina llega a este nuevo 20 de junio con una paradoja difícil de ignorar. Mientras se homenajea a la bandera como símbolo de unidad nacional, una parte importante del país se moviliza para denunciar que la democracia no puede convivir mansamente con la proscripción de sus liderazgos populares.
El banderazo en Parque Lezama será, entonces, mucho más que una postal militante. Será un mensaje político directo: podrán cambiar el lugar de la convocatoria, podrán imponer condiciones, podrán intentar disciplinar la protesta, pero no podrán borrar de la escena pública a Cristina ni a quienes siguen reclamando por su libertad.
