Milei decía que ayudar a los deudores era “robar” y diez días después el Banco Nación bajó la tasa

Milei decía que ayudar a los deudores era “robar” y diez días después el Banco Nación bajó la tasa

El Presidente había rechazado cualquier intervención estatal sobre las deudas familiares y sostuvo que nadie había tomado crédito “con una pistola en la cabeza”. Sin embargo, ante el crecimiento de la morosidad y la presión política, el Banco Nación redujo del 35% al 29% la tasa para refinanciar tarjetas con atrasos de hasta 85 días.

Javier Milei volvió a quedar atrapado entre su dogma y la realidad. Apenas diez días después de haber rechazado cualquier intervención del Estado para aliviar a las familias endeudadas, el Banco Nación redujo del 35% al 29% la tasa aplicada a la refinanciación de tarjetas de crédito con atrasos de entre 1 y 85 días. La medida comenzó a regir este lunes y representa, en los hechos, una corrección frente a una posición presidencial que había sido presentada como innegociable.

El 21 de agosto, Milei había sostenido que quienes tomaron deuda lo hicieron libremente y que el problema pertenecía exclusivamente al ámbito privado. “Nadie fue a esos mercados con una pistola en la cabeza. Lo hicieron libremente. Es un acuerdo entre partes”, afirmó. También calificó como “moralmente incorrectas” e “injustas” las propuestas destinadas a aliviar a quienes no podían afrontar sus compromisos financieros. La respuesta buscaba cerrar cualquier discusión sobre la responsabilidad del Estado frente al sobreendeudamiento, aun cuando millones de hogares recurren al crédito para cubrir alimentos, servicios y gastos básicos.

Pero la realidad volvió a imponerse. La morosidad siguió creciendo, los bancos comenzaron a buscar mecanismos de refinanciación y el propio ministro de Economía, Luis Caputo, transmitió al Presidente que la situación requería una respuesta. Al mismo tiempo, la oposición avanzó en el Congreso con una agenda específica sobre endeudamiento familiar. Frente a esa presión económica y política, el Gobierno terminó haciendo aquello que Milei había rechazado: intervenir a través de una herramienta pública para mejorar las condiciones de los deudores.

La reducción de la tasa tendrá un impacto concreto. Para una deuda de $10 millones refinanciada a 60 meses, la cuota estimada pasa de unos $354.900 a $317.400. Eso implica una baja de aproximadamente $37.500 mensuales y un ahorro total cercano a $2,25 millones a lo largo de cinco años. El beneficio no resuelve el problema de fondo, pero sí demuestra algo que el discurso libertario intenta negar: cuando el mercado de crédito deja a miles de familias al borde de la asfixia financiera, la intervención estatal puede modificar de manera concreta sus condiciones.

Durante 2026, el Banco Nación ya refinanció 109.507 operaciones correspondientes a 95.626 personas, por un total de $503.300 millones. La magnitud de esas cifras muestra que el problema no es marginal ni puede reducirse a una suma de decisiones individuales equivocadas. Existe una crisis de endeudamiento que atraviesa a una parte importante de la sociedad y que está directamente relacionada con salarios insuficientes, pérdida de poder adquisitivo y el uso creciente del crédito para sostener consumos cotidianos.

El Nación también mantiene otras herramientas para deudores, entre ellas préstamos en pesos a tasa fija, opciones UVA y programas para reestructurar deudas personales y comerciales con plazos de hasta 120 meses. En las líneas UVA, la tasa nominal anual es del 10% para quienes cobran sus haberes en la entidad y del 15% para el resto, además del ajuste por inflación. Es decir, el propio banco público que depende del Estado nacional utiliza instrumentos de asistencia y refinanciación que contradicen la idea presidencial de que cualquier ayuda constituye una intromisión ilegítima entre privados.

La discusión llegará nuevamente al Congreso este miércoles 9 de septiembre. La oposición buscará emplazar a comisión cerca de 50 proyectos vinculados con el sobreendeudamiento familiar, entre ellos iniciativas sobre tarjetas, créditos, cuentas sueldo, préstamos UVA, protección del consumidor y fraudes digitales. La sesión no pretende aprobar inmediatamente esas leyes, sino obligar a las comisiones a fijar un cronograma de tratamiento. El oficialismo intenta demorar el debate, pero la postura se volvió más difícil de sostener después de que el propio Banco Nación reconociera, con sus decisiones, que el problema existe y necesita respuestas.

El pedido de tratamiento cuenta con respaldo de Unión por la Patria, Argentina Federal, Provincias Unidas, Coalición Cívica, Frente de Izquierda, Encuentro Federal, Coherencia y Elijo Catamarca. En la última sesión, la oposición reunió 133 votos y dejó al Gobierno al borde de una derrota, una señal de que el sobreendeudamiento ya dejó de ser un tema técnico para transformarse en un problema político de primera magnitud.

La contradicción de Milei es evidente. Cuando el reclamo proviene de la oposición o de familias endeudadas, la respuesta es que el Estado no debe intervenir. Cuando la presión alcanza al sistema financiero y amenaza con convertirse en un costo político, el Gobierno recurre al principal banco público del país para aliviar parcialmente las condiciones de pago.

Ese giro vuelve a marcar una diferencia con la concepción que históricamente defendió Cristina Fernández de Kirchner. Durante sus gobiernos, la intervención estatal en el crédito, el consumo y la protección de los ingresos no era presentada como una excepción vergonzante, sino como una herramienta legítima para corregir desequilibrios del mercado y sostener a los sectores más vulnerables. Milei, en cambio, primero demoniza al Estado y después recurre a él cuando la realidad vuelve inviable su propio discurso.

La baja de tasas del Banco Nación no alcanza para resolver la crisis de endeudamiento familiar. Pero sí deja una enseñanza política clara.

Cuando millones de personas no pueden pagar lo que deben, ya no alcanza con decir que eligieron libremente.

Y cuando el propio Gobierno termina interviniendo para aliviar esas deudas, queda demostrado que hasta Milei sabe que el mercado, por sí solo, no siempre alcanza.

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Francisco Sciaky

Periodismo

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