Milei se burla del peronismo por Malvinas mientras intenta borrar sus elogios a Thatcher
Después de recibir críticas por su brusco cambio de discurso sobre las Islas Malvinas, Javier Milei publicó una imagen realizada con inteligencia artificial para acusar al peronismo de ser funcional al Reino Unido. Cristina Kirchner, Axel Kicillof y otros dirigentes del justicialismo cuestionaron el oportunismo del Presidente y recordaron que durante años defendió posiciones incompatibles con la tradición argentina sobre soberanía.
Javier Milei volvió a convertir una cuestión de Estado en una pelea de redes sociales. Después de la cadena nacional en la que endureció su discurso frente al Reino Unido por la explotación petrolera en el Atlántico Sur, el Presidente publicó en Instagram una imagen generada con inteligencia artificial en la que una Unidad Básica peronista aparecía custodiada por integrantes de la Guardia Real británica. El objetivo era evidente: responder a las críticas del justicialismo acusándolo de haber sido funcional a Londres. Pero la provocación terminó profundizando una contradicción que el Gobierno todavía no logró explicar: quien hoy pretende presentarse como custodio de la soberanía argentina es el mismo dirigente que durante años elogió públicamente a Margaret Thatcher y sostuvo posiciones que fueron cuestionadas por veteranos de guerra y especialistas en política exterior.
El discurso presidencial había marcado un giro notorio respecto de las posiciones que Milei expresó durante la campaña de 2023 y los primeros años de su gobierno. En la cadena nacional anunció un endurecimiento de las sanciones contra empresas que operen en las Islas Malvinas sin autorización argentina, la creación de un Consejo de Seguridad Nacional, el fortalecimiento de la Base Naval Integrada en Tierra del Fuego y el envío al Congreso de una iniciativa para penalizar la explotación ilegal de recursos naturales en el archipiélago. También afirmó que la Argentina utilizará herramientas diplomáticas, jurídicas y económicas para defender su soberanía. El problema para Milei no está tanto en esas medidas, que incluso fueron respaldadas por sectores de la oposición, sino en la dificultad de hacerlas compatibles con su propio recorrido político.
El peronismo reaccionó de manera prácticamente unánime. Axel Kicillof acusó al Presidente de actuar por conveniencia electoral y recordó sus declaraciones de admiración hacia Thatcher. Para el gobernador bonaerense, la soberanía no se sostiene con discursos circunstanciales sino con industria nacional, ciencia, defensa, presencia territorial y una política permanente en el Atlántico Sur. Esa mirada conecta directamente con una tradición histórica del peronismo que entiende a Malvinas no como una consigna aislada, sino como parte de una discusión más amplia sobre recursos naturales, desarrollo nacional y autonomía política.
Cristina Fernández de Kirchner también volvió a ocupar el centro de la discusión. Recordó que durante sus dos presidencias la cuestión Malvinas fue sostenida de manera sistemática en organismos internacionales y cuestionó la credibilidad de Milei para presentarse ahora como referente de una causa que anteriormente relativizó. “Malvinas no admite conversos de ocasión”, escribió. La frase resume el argumento central del kirchnerismo: la soberanía no puede convertirse en un recurso discursivo utilizado cuando resulta electoralmente conveniente.
La diferencia entre ambas concepciones es profunda. Durante los gobiernos de Cristina, la estrategia sobre Malvinas se apoyó en la diplomacia multilateral, la integración latinoamericana y la búsqueda de respaldo internacional para la posición argentina. El reclamo estuvo acompañado por una política exterior orientada a consolidar apoyos regionales y por una defensa explícita de los recursos naturales del Atlántico Sur. Milei, en cambio, llegó al poder reivindicando una política internacional mucho más alineada con Estados Unidos y con gobiernos occidentales conservadores, al tiempo que relativizaba aspectos históricos de la causa nacional.
La polémica se volvió todavía más intensa después del posteo presidencial. La imagen creada con inteligencia artificial mostraba un local peronista acompañado por soldados británicos y pretendía instalar la idea de que el justicialismo fue complaciente con el Reino Unido. La acusación resulta difícil de sostener frente a la propia historia reciente. Más allá de las diferencias internas que atravesaron al peronismo, el reclamo de soberanía sobre Malvinas fue una política permanente durante los gobiernos kirchneristas y ocupó un lugar central en discursos presidenciales, presentaciones internacionales y políticas regionales.
Cristina respondió señalando que la causa Malvinas merece respeto y no provocaciones de redes sociales. Axel Kicillof sostuvo que resulta difícil tomar seriamente un discurso presidencial sobre soberanía cuando pocas horas después el tema queda reducido a un meme. Desde Unión por la Patria también cuestionaron que el Presidente banalice una cuestión atravesada por una guerra, veteranos, muertos y una disputa diplomática que forma parte de la identidad nacional argentina.
Agustín Rossi, exministro de Defensa, también remarcó la contradicción entre el Milei que reivindicaba a Thatcher y el Presidente que ahora intenta colocarse a la cabeza del reclamo argentino. Sergio Massa adoptó una posición similar y recordó las declaraciones realizadas por Milei durante el debate presidencial de 2023. Intendentes bonaerenses como Fernando Espinoza, Jorge Ferraresi y Mayra Mendoza señalaron que la soberanía se defiende mediante políticas industriales, científicas y militares sostenidas, no con operaciones de marketing.
El punto central no es impedir que un Presidente revise sus posiciones. La política admite cambios de opinión y, en determinados casos, corregir una postura puede ser saludable. Pero para que ese giro resulte creíble debe estar acompañado por una explicación. Milei nunca terminó de explicar cómo pasó de elogiar a Thatcher y reconocer una consideración especial hacia la voluntad de los habitantes de las islas a presentarse como uno de los defensores más duros de la posición argentina.
Esa ausencia de explicación alimenta la interpretación de que el cambio responde más a necesidades electorales que a una verdadera transformación estratégica. El propio contexto contribuye a esa lectura: el Gobierno atraviesa un escenario económico más complejo, enfrenta crecientes dificultades para instalar una sensación de recuperación y busca ampliar su agenda política hacia cuestiones capaces de generar consensos sociales amplios. Malvinas es, precisamente, una de esas causas.
Pero el intento de apropiación también tiene límites. Ningún gobierno puede monopolizar una causa nacional, y mucho menos utilizarla para descalificar a quienes la sostuvieron durante décadas. Cristina Kirchner puede ser objeto de innumerables críticas políticas, pero resulta difícil cuestionar la continuidad que tuvo la política de Malvinas durante sus gobiernos. La reivindicación territorial fue constante y ocupó un lugar central en la agenda internacional argentina.
Milei parece buscar ahora una legitimidad que durante años despreció. El problema es que la memoria política también existe.
No alcanza con publicar una bandera argentina, endurecer un discurso y subir una imagen provocadora a Instagram para borrar declaraciones anteriores.
Malvinas no pertenece a Javier Milei, ni al peronismo, ni a ningún partido.
Pero tampoco admite que quien ayer admiraba a Thatcher hoy pretenda repartir certificados de patriotismo.
