Milei compartió una imagen hecha con IA para mostrar shoppings llenos y quedó expuesto en redes

Milei compartió una imagen hecha con IA para mostrar shoppings llenos y quedó expuesto en redes

El Presidente difundió una supuesta foto del Shopping Soleil repleto de gente para reforzar la idea de una recuperación del consumo. Usuarios y dirigentes opositores detectaron rápidamente errores propios de una imagen generada con inteligencia artificial. El episodio vuelve a mostrar la distancia entre el relato oficial y los datos que reflejan una caída en las ventas de consumo masivo.

Javier Milei volvió a quedar en el centro de la polémica después de compartir en su cuenta oficial de X una imagen de un centro comercial completamente colmado de personas para sugerir que el consumo se encuentra en recuperación. La postal, presentada como una evidencia visual de que los shoppings están llenos, empezó a ser cuestionada pocos minutos después por usuarios, especialistas en inteligencia artificial y dirigentes de la oposición, que detectaron anomalías típicas de contenido generado de manera sintética. Personas sin un pie, cuerpos deformados y detalles incoherentes pusieron en duda la autenticidad de la imagen y transformaron rápidamente el posteo presidencial en otro problema comunicacional para el Gobierno.

Milei acompañó la publicación con uno de sus habituales ataques contra periodistas y encuestadores. “Shopping Soleil… Esto es inteligencia artificial o alguien está mintiendo mucho”, escribió, antes de volver a cargar contra lo que denomina “las basuras de los micrófonos” y las “encuestas berretas”. La ironía terminó volviéndose contra el propio Presidente cuando comenzaron a circular ampliaciones de la imagen que mostraban defectos evidentes. El diputado socialista Esteban Paulón fue uno de los primeros en señalarlo públicamente y escribió: “Qué papelonero sos Javier Milei”, mientras compartía ejemplos de los errores visuales.

El episodio resulta particularmente significativo porque la Casa Rosada intenta instalar con intensidad la idea de que la economía ya ingresó en una etapa de recuperación. La baja de la inflación, determinados indicadores de actividad y algunos datos sectoriales son utilizados por el oficialismo para sostener que la mejora comenzó a sentirse en la calle. Sin embargo, en lugar de apoyarse exclusivamente en estadísticas verificables, el Presidente terminó difundiendo una imagen de origen dudoso como si fuera una prueba documental de ese supuesto repunte.

La controversia adquiere todavía más relevancia porque distintos relevamientos privados vienen mostrando dificultades persistentes en el consumo. La consultora Scentia, que monitorea ventas en supermercados, autoservicios, mayoristas y comercios de cercanía, informó que durante julio de 2026 las ventas de productos de consumo masivo registraron una caída interanual cercana al 7%. La baja alcanzó alimentos, bebidas, artículos de limpieza, higiene personal y otros bienes de uso cotidiano, y afectó tanto al Área Metropolitana como al interior del país.

Ese contraste vuelve a colocar en discusión una característica cada vez más visible de la comunicación de Milei: cuando los datos no alcanzan para sostener la épica oficial, aparece la necesidad de construir una percepción. Una foto de un shopping lleno puede ser políticamente útil porque transmite de manera inmediata una sensación de prosperidad, aunque esa imagen no refleje necesariamente la situación general del consumo. El problema se agrava cuando esa fotografía ni siquiera es real.

La utilización de inteligencia artificial no es, por sí misma, el problema. La tecnología puede emplearse legítimamente para ilustraciones, campañas o contenidos creativos siempre que exista transparencia sobre su origen. Lo cuestionable es presentar una pieza generada artificialmente como si fuera un registro de la realidad y utilizarla para respaldar una afirmación económica. Cuando quien lo hace es el Presidente de la Nación, la discusión deja de ser simplemente una anécdota de redes sociales y pasa a involucrar la responsabilidad institucional de quien comunica desde la máxima autoridad del Estado.

La escena también expone una contradicción habitual del mileísmo. El Gobierno acusa permanentemente al periodismo, a la oposición y a las consultoras de distorsionar la realidad, pero termina recurriendo a una imagen falsa para demostrar que esa realidad es distinta. Mientras Milei denuncia supuestas operaciones mediáticas, su propio posteo termina funcionando como una pieza de propaganda difícil de sostener frente a una mínima verificación.

El contraste con Cristina Fernández de Kirchner también aparece en el plano político. Cristina construyó durante años un relato económico basado en la expansión del consumo, el empleo y los salarios, y lo acompañó con una fuerte presencia estatal orientada a sostener la demanda interna. Milei intenta instalar una recuperación similar desde una lógica completamente distinta, pero los datos de consumo siguen mostrando dificultades importantes. La diferencia no está sólo en la forma de comunicar, sino en la concepción económica que hay detrás: una política centrada en el mercado y el ajuste frente a otra que priorizaba la capacidad de compra de los hogares como motor de la actividad.

El problema para Milei es que las imágenes pueden viralizarse, pero no reemplazan la experiencia cotidiana. Un shopping puede estar lleno un sábado y eso no significa que el consumo general se haya recuperado. Una foto puede mostrar cientos de personas y aun así las ventas caer. Y una imagen generada por inteligencia artificial puede parecer convincente durante algunos segundos, pero tarde o temprano los detalles aparecen.

El Gobierno insiste en que la economía está mejor.

La dificultad es que, cada vez más, necesita demostrarlo con una puesta en escena.

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Francisco Sciaky

Periodismo

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