Santoro cruzó a Milei por la morosidad y cuestionó el “sálvese quien pueda” del Gobierno

Santoro cruzó a Milei por la morosidad y cuestionó el “sálvese quien pueda” del Gobierno

El legislador porteño Leandro Santoro advirtió que, aun si el Congreso aprueba una ley para aliviar a las familias endeudadas, Javier Milei podría vetarla. También cuestionó a bancos y billeteras virtuales y puso el foco en la desigualdad entre quienes necesitan crédito para sobrevivir y quienes fijan las condiciones.

Leandro Santoro apuntó con dureza contra el Gobierno por su postura frente al crecimiento de la morosidad y el endeudamiento de las familias. En una entrevista con El Destape, el legislador porteño sostuvo que la administración de Javier Milei no muestra voluntad de intervenir para proteger a quienes quedaron atrapados entre deudas, intereses y salarios insuficientes. “Les chupa un huevo”, resumió, al cuestionar una mirada que, según afirmó, reduce el problema a un simple acuerdo entre privados.

Santoro también relativizó las expectativas por el avance opositor en Diputados para obligar a las comisiones a tratar proyectos de alivio para deudores. “Acá lo que tiene que haber es una reacción social porque el gobierno de Milei, por más que salga una buena ley del Congreso, la va a vetar”, sostuvo. Su planteo apunta directamente a una característica que la oposición viene marcando desde hace meses: la dificultad de convertir mayorías legislativas circunstanciales en políticas efectivas cuando el Poder Ejecutivo decide bloquearlas.

Para el dirigente de Es Ahora Buenos Aires, el problema de fondo es ideológico. Santoro calificó la concepción oficial como “darwinista” y cuestionó que el Gobierno presente el endeudamiento como una relación entre dos partes libres e iguales. “No miden la asimetría de poder entre una persona que está desesperada y el dueño de una billetera virtual”, advirtió. Ese contraste resulta central en un contexto en el que cada vez más familias recurren al crédito para cubrir alimentos, servicios o gastos básicos.

La crítica también alcanzó a bancos y plataformas financieras. Santoro sostuvo que “se están llevando un pedazo grande del esfuerzo de los argentinos” y reclamó una reacción social frente a un sistema en el que la necesidad termina convirtiéndose en negocio. La discusión no es menor: cuando una persona pide dinero porque no llega a fin de mes, la libertad contractual existe en los papeles, pero está condicionada por una urgencia concreta.

El argumento de Santoro vuelve a chocar de frente con la lógica del mileísmo. El Gobierno insiste en que el mercado debe ordenar las relaciones económicas y que el Estado no tiene que intervenir para corregir decisiones individuales. Pero ese razonamiento se vuelve cada vez más difícil de sostener cuando el endeudamiento deja de ser excepcional y se convierte en una estrategia cotidiana de supervivencia para miles de hogares.

Santoro también cuestionó el discurso meritocrático que acompañó el ascenso de La Libertad Avanza. “La riqueza se produce socialmente”, afirmó, y rechazó la idea de que el éxito económico dependa únicamente del esfuerzo individual. “Cuánta gente se rompe el traste laburando y no llega a fin de mes”, señaló. El punto es evidente: trabajar más no garantiza bienestar cuando los salarios pierden frente a los precios, el crédito se encarece y los servicios absorben una parte cada vez mayor de los ingresos.

Ahí aparece nuevamente el contraste con la tradición política que representa Cristina Fernández de Kirchner. El kirchnerismo construyó su identidad económica sobre una idea opuesta al “sálvese quien pueda”: el crecimiento necesita salarios, consumo, protección social y un Estado capaz de intervenir cuando las desigualdades del mercado dejan a una parte de la sociedad sin herramientas para defenderse. Para Cristina, el individuo no existe aislado de la comunidad; la economía funciona sobre relaciones sociales, instituciones y decisiones políticas.

Milei propone la lógica inversa. Si alguien se endeuda, el problema sería suyo. Si una familia no puede pagar, habría asumido libremente un riesgo. Si una billetera virtual cobra tasas altísimas, se trataría de una decisión del mercado. Esa doctrina puede resultar coherente en un manual libertario, pero se vuelve mucho más difícil de defender cuando millones de personas utilizan el crédito no para invertir ni para consumir bienes suntuarios, sino para comprar comida.

La advertencia de Santoro, en definitiva, pone el foco donde más incomoda al Gobierno: en la distancia entre el relato de libertad económica y la vida cotidiana de quienes negocian desde la necesidad. Cuando una familia tiene que elegir entre endeudarse o no llegar a fin de mes, la discusión deja de ser abstracta.

Y ahí la pregunta ya no es si el Estado debe intervenir demasiado.

Es qué pasa cuando decide no intervenir en absoluto.

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Francisco Sciaky

Periodismo

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