La recuperación que no llega: Milei celebra las finanzas mientras la economía real vuelve a estancarse

La recuperación que no llega: Milei celebra las finanzas mientras la economía real vuelve a estancarse

El Gobierno de Javier Milei volvió a montar su habitual ceremonia de autocelebración. Habla de estabilidad, presume la acumulación de reservas y presenta la desaceleración inflacionaria como si la Argentina hubiera ingresado finalmente en una etapa de prosperidad. Sin embargo, cuando se abandona el relato oficial y se observan los datos de la economía cotidiana, el paisaje es bastante menos luminoso: la actividad se estancó, el consumo continúa debilitado y los sectores que generan empleo dentro del país atraviesan una nueva fase de retroceso.

Durante el primer semestre de 2026, la actividad económica acumuló una contracción del 1,5%. El crecimiento quedó concentrado fundamentalmente en la energía y en el sector agroexportador, mientras la industria, el comercio y la construcción —actividades estrechamente relacionadas con el empleo y el mercado interno— volvieron a perder terreno. La inflación mensual se ubicó en el 1,9% en junio y el Banco Central consiguió acumular reservas, pero esos resultados convivieron con salarios estancados, mayor endeudamiento familiar y una recuperación que no se distribuyó de manera uniforme.

La contradicción expone el corazón del modelo libertario. Milei puede mostrar una planilla fiscal equilibrada y, al mismo tiempo, una sociedad obligada a ajustar sus consumos más elementales. Puede festejar la reducción del riesgo país mientras cierran comercios, las fábricas trabajan por debajo de su capacidad y miles de familias utilizan la tarjeta de crédito para pagar gastos corrientes.

La economía libertaria parece funcionar mejor cuanto más lejos se encuentra de las personas. Los grandes exportadores reciben los beneficios de un esquema concentrado en producir dólares, mientras los trabajadores soportan tarifas más altas, empleos precarios y una menor capacidad de compra. Para el Gobierno, la estabilidad parece consistir en disciplinar el bolsillo de la población hasta que deje de consumir.

Milei prometió que el ajuste recaería sobre “la casta”. Sin embargo, después de más de dos años de gestión, la factura continúa llegando a jubilados, empleados, comerciantes y pequeñas empresas. Las grandes cifras pueden mejorar, pero el mercado interno continúa exhausto. El supuesto milagro económico se parece demasiado a un país donde unos pocos exportan más mientras la mayoría aprende a vivir con menos.

El oficialismo también intenta instalar que cualquier cuestionamiento al programa constituye una defensa del pasado inflacionario. Es una falsa disyuntiva. Reducir la inflación era indispensable, pero no alcanza con estabilizar una economía si el resultado es un país más desigual, endeudado y productivamente debilitado. La estabilidad sin crecimiento, empleo ni recuperación salarial puede transformarse en una forma prolongada de decadencia.

La pregunta que Milei evita es sencilla: ¿de qué sirve que mejoren los mercados si empeora la vida de quienes trabajan? El Gobierno responde con discursos, insultos y promesas futuras. Pero la mesa familiar no se sostiene con promesas y el alquiler no se paga con el riesgo país.

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Francisco Sciaky

Periodismo

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