2027: tres escenarios y una certeza, Milei ya no llega con la elección ganada
El deterioro de las expectativas sobre el Gobierno abrió anticipadamente la discusión presidencial. La economía será el factor decisivo, pero el peronismo vuelve a mostrar capacidad de reorganización y Cristina Kirchner conserva una centralidad que el oficialismo intenta convertir en debilidad, aunque también puede funcionar como elemento de cohesión.
Hace apenas algunas semanas, distintos análisis daban por probable una reelección relativamente cómoda de Javier Milei. Ese escenario empezó a resquebrajarse. La derrota política que significó para el Gobierno el traspié de la llamada Ley de Tierras aceleró una discusión que parecía reservada para fin de año: qué puede ocurrir en las elecciones presidenciales de 2027.
A poco más de un año de los comicios, ya no parece razonable considerar que Milei tenga asegurado siquiera uno de los dos lugares en un eventual balotaje.
La volatilidad de la política argentina obliga a evitar pronósticos definitivos. Pero existen, al menos, tres grandes escenarios posibles, todos atravesados por una variable central: si el programa económico del Gobierno consigue mejorar de manera concreta la vida de los argentinos.
Primer escenario: Milei logra llegar competitivo
La primera posibilidad es que el Gobierno consiga estabilizar la economía y que esa mejora finalmente se traduzca en salarios, consumo y condiciones materiales perceptibles para una parte importante del electorado.
En ese contexto, Milei podría intentar reconstruir el argumento electoral de 2023: presentarse nuevamente como la alternativa frente al kirchnerismo y convertir a Cristina Fernández de Kirchner en el principal elemento de polarización.
El oficialismo apuesta desde hace tiempo a que la imagen negativa de Cristina funcione como un techo para cualquier candidato peronista. Sin embargo, ese razonamiento tiene un límite. La expresidenta también conserva un núcleo político y electoral sólido, una capacidad de conducción que ningún otro dirigente opositor logró reemplazar y una centralidad que obliga al propio Milei a mencionarla constantemente.
El problema para el Gobierno es evidente: cuanto más necesita señalar a Cristina como responsable del presente, más difícil resulta explicar por qué, después de varios años en el poder, las dificultades económicas todavía deberían atribuirse al kirchnerismo.
Si Milei consigue una recuperación perceptible, podrá competir seriamente por la reelección. Pero ya no alcanza con mostrar superávit fiscal, reservas o números macroeconómicos: la recuperación deberá llegar al bolsillo.
Segundo escenario: continuidad económica sin Milei
Una segunda posibilidad es que la economía no colapse, pero tampoco consiga mejorar suficientemente la calidad de vida.
En ese caso, podría aparecer una candidatura de centroderecha que plantee conservar algunas reformas económicas del Gobierno, pero abandonar las características más conflictivas de Milei: la agresividad permanente, el enfrentamiento institucional, los insultos y una concepción del poder excesivamente personalista.
Ese espacio podría surgir de una reconstrucción de Juntos por el Cambio, de sectores del PRO o de una alianza con gobernadores.
El argumento sería sencillo: mantener determinada orientación económica pero con un Presidente más moderado y previsible.
Este escenario representa quizás uno de los mayores peligros políticos para Milei, porque el adversario no cuestionaría necesariamente todo su programa. Le disputaría algo más personal: la idea de que las reformas pueden continuar sin él.
Allí aparecerían con mayor fuerza dirigentes provenientes de la antigua coalición opositora, gobernadores y figuras del centro político capaces de captar votantes que respaldaron a Milei en 2023 pero terminaron agotados por su estilo.
Tercer escenario: del antikirchnerismo al antimileísmo
La tercera posibilidad es la más adversa para el Presidente.
Si durante el próximo año la situación económica empeora, aumenta el malestar social y la mayoría no percibe mejoras en sus condiciones de vida, la discusión electoral podría dejar de girar alrededor del rechazo al kirchnerismo para organizarse alrededor de un nuevo fenómeno: el antimileísmo.
La Argentina ya atravesó procesos similares.
Milei construyó buena parte de su victoria de 2023 sobre el hartazgo con el gobierno de Alberto Fernández y sobre una identidad profundamente antikirchnerista. Pero las identidades negativas no son permanentes. Cuando cambia quien gobierna, también cambia quién carga con el costo del descontento.
En 2027, Milei ya no podrá presentarse como el outsider que denuncia al sistema desde afuera. Será el Presidente que deberá responder por cuatro años de gestión.
Si los salarios continúan deteriorados, el consumo permanece deprimido, la inversión no despega y amplios sectores sienten que viven peor, la sociedad podría buscar no una versión más prolija del mismo programa, sino directamente otro rumbo económico.
Ese escenario favorecería especialmente al peronismo.
El peronismo empieza a ordenar sus piezas
Un dato que el oficialismo observa con preocupación es la posibilidad de que el peronismo llegue unido.
La reunión que reunió a Axel Kicillof, Sergio Massa, Máximo Kirchner, gobernadores y jefes parlamentarios mostró que las distintas expresiones del movimiento comprenden que la fragmentación puede garantizarle a Milei una ventaja que quizá no tenga por mérito propio.
Cristina Kirchner continúa ocupando un lugar decisivo dentro de ese armado.
Presentarla únicamente como un problema electoral, como suele hacer el oficialismo, implica desconocer otra dimensión: sigue siendo la dirigente con mayor capacidad para ordenar una parte sustancial del peronismo, conservar una base electoral propia e intervenir en la definición de candidaturas.
El desafío opositor será construir una alternativa que combine esa identidad histórica con renovación política y capacidad para convocar a quienes, sin considerarse kirchneristas, están desencantados con Milei.
Si el peronismo consiguiera acercarse al 40% de los votos, la elección volvería a polarizarse y obligaría a los sectores de centroderecha a decidir si respaldan nuevamente al Presidente o intentan construir una tercera opción.
Las PASO, una discusión que también es electoral
La existencia o eliminación de las PASO puede modificar profundamente el escenario.
Si las primarias nacionales se mantienen, el calendario político se adelantará y la primera gran medición electoral llegará antes. Si varias provincias deciden además desdoblar sus elecciones, la Argentina podría entrar en una extensa sucesión de comicios locales antes de la elección presidencial.
Esto no es un detalle menor.
Cada elección provincial funcionará como una evaluación parcial del Gobierno y podrá influir sobre el dólar, los mercados, las alianzas políticas y las expectativas de triunfo.
Por eso el interés del oficialismo en eliminar las PASO también puede interpretarse políticamente: reducir instancias de competencia interna y postergar pruebas electorales que expongan anticipadamente una posible debilidad.
Villarruel, Bregman y el voto de los extremos
Fuera de los espacios principales también aparecen figuras capaces de reunir porcentajes relevantes.
Victoria Villarruel podría intentar construir una alternativa nacionalista y conservadora diferenciada de Milei, especialmente entre electores decepcionados con el Presidente pero alejados del peronismo.
En el otro extremo, Myriam Bregman mantiene una representación propia dentro de la izquierda. El senador José Mayans incluso planteó públicamente la posibilidad de que ese sector participe de una interna amplia con el peronismo.
Aunque ninguna de estas opciones aparezca hoy como favorita para llegar a la Presidencia, sus votos podrían resultar decisivos en una elección extremadamente fragmentada.
El siempre imprevisible outsider
También permanece abierta la posibilidad de que aparezca una candidatura externa a las estructuras partidarias tradicionales.
Entre los nombres mencionados se encuentran el empresario Jorge Brito, Daniel Hadad y el pastor Dante Gebel.
La historia argentina aconseja tomar estas versiones con prudencia. Antes de otras elecciones presidenciales también surgieron figuras mediáticas presentadas como candidatos capaces de romper el tablero y finalmente no llegaron siquiera a competir.
Marcelo Tinelli fue uno de esos nombres antes de 2019. Mucho antes, también se mencionó a Nito Artaza en contextos de fuerte crisis de representación política.
El fenómeno Milei demostró, sin embargo, que ya no puede descartarse completamente la irrupción de una figura por fuera de las estructuras tradicionales.
La economía decidirá más que la batalla cultural
Los tres escenarios pueden resumirse en una pregunta mucho más sencilla: ¿cómo estarán viviendo los argentinos cuando llegue el momento de votar?
Si la economía mejora de manera perceptible, Milei tendrá posibilidades de reconstruir una mayoría y volver a utilizar el rechazo al kirchnerismo como combustible electoral.
Si la economía permanece estancada, puede aparecer una propuesta de continuidad económica sin Milei.
Y si las condiciones sociales empeoran, el electorado podría reclamar un cambio profundo de rumbo y devolver al peronismo al centro de la disputa por el poder.
En ese tercer escenario, Cristina Kirchner deja de ser necesariamente el lastre que describe el oficialismo y puede convertirse nuevamente en una referencia de contraste frente al modelo libertario: una dirigente asociada, para una parte importante de la sociedad, con un Estado más activo, salarios con mayor peso, políticas redistributivas y una concepción económica diametralmente opuesta a la de Milei.
La elección de 2027, entonces, difícilmente pueda resolverse exclusivamente mediante TikTok, insultos, enemigos imaginarios o “batallas culturales”.
Milei llegó al poder prometiendo transformar radicalmente la Argentina. Cuando vuelva a pedir el voto, ya no podrá ofrecer solamente una promesa.
Tendrá que mostrar el resultado.
Y allí aparece el verdadero problema para el oficialismo: en 2027 el adversario más difícil de Javier Milei quizás no sea Cristina Kirchner, Axel Kicillof ni una eventual tercera fuerza.
Será su propia gestión.
