Milei adelanta la campaña de 2027 mientras la economía no llega a los hogares

Milei adelanta la campaña de 2027 mientras la economía no llega a los hogares

A poco más de un año de las elecciones presidenciales, la creación del llamado “Día de la Unidad”, el crecimiento político de Karina Milei y la posibilidad de una fórmula entre hermanos muestran a un Gobierno replegado sobre su núcleo familiar. Frente a una gestión que no logra traducir sus cifras en bienestar social, el oficialismo vuelve a elegir al kirchnerismo —y especialmente a Cristina Fernández de Kirchner— como adversario central.

La Libertad Avanza ya puso en marcha su campaña para las elecciones presidenciales de 2027. Aunque todavía falta poco más de un año para los comicios, los movimientos recientes del Gobierno parecen responder menos a las necesidades de la gestión que a la construcción anticipada de una estrategia de continuidad.

El viaje regional de Javier Milei, la aceleración de los acuerdos con gobernadores, la búsqueda de una alianza electoral con el PRO, el intento de suspender las PASO y la creación del denominado “Día de la Unidad” forman parte de una misma maniobra: ordenar al oficialismo detrás de los hermanos Milei y mantener movilizada a su base frente a un escenario económico que sigue sin mejorar la vida cotidiana de buena parte de la población.

El mensaje oficialista es transparente. Dentro de La Libertad Avanza, las discusiones quedan supeditadas a la conducción de Karina Milei. La lealtad no aparece como un vínculo construido mediante acuerdos políticos, sino como la obligación de aceptar sin objeciones las decisiones del reducido círculo que rodea al Presidente.

La denominada “unidad” supone que dirigentes, gobernadores y aliados abandonen sus identidades y se alineen detrás de la boleta violeta. El verticalismo, lejos de ser un defecto circunstancial del partido, comienza a presentarse como una virtud.

Esta forma de organización contrasta con la permanente acusación de autoritarismo que el oficialismo dirige contra el peronismo y contra Cristina Fernández de Kirchner. Milei denuncia supuestas castas y estructuras cerradas, pero construye un espacio gobernado por su hermana, elimina a quienes cuestionan su conducción y concentra las decisiones estratégicas en un núcleo familiar.

La comunicación visual del acto también alimentó las versiones sobre una posible fórmula presidencial integrada por Javier y Karina Milei. Ambos aparecen en el centro de la imagen, con una jerarquía semejante y proyectados como las dos figuras indispensables del espacio.

Desde hace meses, dentro del oficialismo circula la posibilidad de que la secretaria general de la Presidencia acompañe a su hermano como candidata a vicepresidenta. Otros nombres, como Patricia Bullrich, Sandra Pettovello o Martín Menem, perdieron fuerza frente al crecimiento de Karina como responsable del partido y del armado electoral.

Una fórmula familiar para blindar el poder

La hipótesis de una fórmula Milei-Milei también se explica por el fracaso de la relación entre el Presidente y Victoria Villarruel. El vínculo terminó atravesado por enfrentamientos públicos, diferencias políticas y una ruptura de confianza que convirtió a la Vicepresidencia en un foco permanente de conflicto.

Karina Milei ofrece a su hermano exactamente lo contrario: fidelidad absoluta, control partidario y ausencia de autonomía política.

Una fórmula entre ambos garantizaría que el poder permanezca concentrado dentro de la familia y evitaría la aparición de una figura con legitimidad electoral propia. El modelo se aleja así de la república que Milei dice defender y se acerca a una estructura personalista en la que el Estado, el partido y la estrategia electoral dependen de dos personas unidas por un vínculo familiar.

La secretaria general podría además quedar posicionada como heredera del proyecto libertario para 2031, cuando Javier Milei ya no pudiera buscar una tercera presidencia consecutiva en caso de ser reelegido.

El oficialismo parece imaginar, por lo tanto, una sucesión cuidadosamente controlada: primero Javier, luego Karina. Una suerte de dinastía libertaria construida por quienes llegaron al poder prometiendo terminar con los privilegios y las familias enquistadas en la política.

La estrategia electoral vuelve a colocar al kirchnerismo en el centro de la escena. El Gobierno necesita presentar a Cristina Fernández de Kirchner como una amenaza permanente porque su figura conserva una capacidad de representación política y popular que el oficialismo no logró reemplazar.

Cristina encarna un modelo opuesto al de Milei. Durante sus gobiernos, el Estado fue concebido como una herramienta de intervención económica, ampliación de derechos, recuperación salarial e integración social. El mileísmo, en cambio, propone el retiro estatal, el ajuste fiscal y la subordinación de la política económica a las demandas del mercado.

Esa diferencia explica la obsesión del Presidente con la expresidenta. No se trata solamente de una rival partidaria: Cristina representa la memoria de una Argentina en la que el crecimiento económico podía vincularse con el empleo, la industria nacional, las jubilaciones, la educación pública y la movilidad social.

El Gobierno busca responsabilizarla por todos los problemas del presente mientras lleva más de dos años administrando el país. Pero cuanto más insiste en invocar al kirchnerismo como explicación universal, más evidente resulta su dificultad para defender los resultados de su propia gestión.

Cristina sigue ocupando un lugar central porque el peronismo, aun con sus divisiones, continúa siendo la principal fuerza capaz de ofrecer una alternativa al programa de ajuste libertario.

Funcionarios del área económica sostuvieron recientemente que una parte de la población “todavía no es consciente de lo bien que está la economía”. La afirmación resume uno de los principales problemas del Gobierno: cuando la realidad social contradice el relato oficial, la responsabilidad parece recaer sobre quienes no logran percibir la supuesta recuperación.

Las mejoras macroeconómicas proclamadas por la Casa Rosada no se traducen de manera clara en salarios, empleo, consumo o condiciones de vida. La inversión representa apenas el 14,3% del producto bruto interno, mientras empresarios e inversores continúan postergando decisiones por la incertidumbre cambiaria y política.

El economista Luis Secco advirtió que el régimen cambiario sigue siendo uno de los puntos débiles del programa. La sucesión de etapas, modificaciones y anuncios mantiene abierta la expectativa de una futura corrección del dólar y debilita la credibilidad del plan.

Aunque el Gobierno consiguió el superávit fiscal, avanzó con reformas y cumplió exigencias del mercado, esas decisiones no alcanzaron para generar un proceso sostenido de inversión. Sin inversión, tampoco aparecen los puestos de trabajo, los mejores salarios ni el crecimiento del consumo que la sociedad espera.

La frase según la cual los ciudadanos todavía no comprenden la bonanza económica revela una concepción profundamente elitista. En lugar de preguntarse por qué la recuperación no llega a las familias, el Gobierno acusa a la sociedad de no saber interpretar sus propios padecimientos.

La intención oficial de suspender las elecciones primarias también puede analizarse desde esta perspectiva.

La explicación pública sostiene que su eliminación permitiría reducir gastos y simplificar el calendario electoral. Sin embargo, detrás de ese argumento aparece la necesidad de controlar el armado de las candidaturas, reducir los espacios de competencia interna y postergar una evaluación electoral que podría afectar las expectativas económicas.

Las PASO obligan a los partidos a resolver sus diferencias mediante el voto y permiten medir el respaldo real de cada fuerza antes de la elección general. Su suspensión fortalecería el control de las conducciones partidarias sobre las listas.

En el caso de La Libertad Avanza, beneficiaría directamente a Karina Milei, quien concentra las decisiones sobre candidaturas, alianzas y estructuras provinciales. La supuesta defensa de la libertad termina chocando nuevamente con una práctica que reduce la participación y aumenta el poder de una conducción cerrada.

También existe un componente financiero. Una elección primaria desfavorable podría generar presión sobre el tipo de cambio y acelerar la salida de capitales. El Gobierno tendría entonces un incentivo adicional para retrasar el momento en que los mercados midan su respaldo político.

La gira de Javier Milei por Brasil, Perú y Colombia busca proyectarlo como referente de la nueva derecha latinoamericana.

El Presidente respaldará la candidatura de Flávio Bolsonaro, participará de la asunción de Keiko Fujimori en Perú y asistirá a la llegada al poder de Abelardo de la Espriella en Colombia. La intención es construir un eje regional de dirigentes conservadores y mostrar a Milei como conductor de una corriente ideológica internacional.


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Francisco Sciaky

Periodismo