Retenciones en pausa: la jugada de Milei para atraer dólares que ahora vuelve al centro del ring
Entre el alivio transitorio hacia el campo y la necesidad urgente de dólares, el Gobierno quedó atrapado en un dilema que la Argentina arrastra desde hace mucho tiempo. Con la rebaja vencida, Milei convoca a la Mesa de Enlace para definir el próximo round.
En Argentina, la política económica tiene algo de deja vú, se repiten algunos hechos y a veces con los mismos nombres propios. Cada tanto, el Estado y el campo vuelven a mirarse de reojo, tensando una cuerda que nadie termina de cortar. Así ocurrió una vez más el 23 de enero de 2025, cuando el Gobierno decidió bajar de forma transitoria las retenciones a las exportaciones agropecuarias. No fue un anuncio con bombos y platillos: la medida se comunicó en tono bajo, casi como un susurro en medio de la tormenta.
Durante cinco meses, hasta el 30 de junio, el Estado resignó parte de su recaudación con una meta clara: destrabar la liquidación de divisas, reforzar las reservas del Banco Central y frenar la presión sobre el dólar paralelo.
Las alícuotas sobre la soja se recortaron del 33 % al 27 %, mientras que para el maíz y el trigo bajaron del 12 % al 8 %. La estrategia apuntó al corazón del complejo agroexportador, responsable de más del 60% de los dólares que ingresan al país. “La restricción externa era asfixiante; necesitaban un gesto para que los dólares guardados en silobolsas empezaran a fluir”, analiza Martín Kalos, un economista de Epyca Consultores.
Los números parecen darle la razón: según la Bolsa de Comercio de Rosario, entre febrero y mayo se liquidaron USD 8.200 millones, un 25 % más que en el mismo período de 2024.
El impacto no se limitó a las arcas públicas. En el mercado cambiario, el dólar blue, que en enero rozaba los $1.500, se estabilizó hacia junio en torno a los $1.200. Sin embargo, la calma fue solo superficial.
“La medida fue pragmática y efectiva para el corto plazo: resignar ingresos fiscales a cambio de estabilidad cambiaria. Pero sin un esquema productivo más integral, es apenas un analgésico”, señala Mariana Mazzucato, autora de El Estado emprendedor.
El costo fiscal no es menor. Según la Oficina Nacional de Presupuesto, el Tesoro dejó de percibir unos USD 1.200 millones en los cinco meses que duró la rebaja. Con el déficit bajo la lupa del FMI, cada dólar no recaudado tensiona aún más el presupuesto.
“El problema no es solo fiscal. Es estructural: Argentina sigue dependiendo de un solo sector para generar divisas. Eso es un síntoma de vulnerabilidad crónica”, advierte Andrés López, investigador de la UBA.
La reacción del sector agropecuario fue tan diversa como su propia estructura. Desde la Mesa de Enlace, la rebaja fue recibida con moderado optimismo. “Es un reconocimiento a la presión impositiva que sufrimos, pero no alcanza. El campo necesita reglas claras y previsibilidad a largo plazo”, afirmó Nicolás Pino, presidente de la Sociedad Rural Argentina.
Más críticos fueron los pequeños y medianos productores, quienes denunciaron que los beneficios quedaron concentrados en los grandes exportadores. “Una vez más, se privilegia a los actores más fuertes del agronegocio, mientras las economías regionales quedan relegadas”, sostuvo la Federación Agraria Argentina.
En redes sociales, el debate ardió. El economista liberal Agustín Etchebarne celebró la medida como un “paso hacia la libertad comercial”. En cambio, la socióloga Ana Castellani respondió: “No hay dólares sin campo, pero tampoco hay país si el Estado se retira de sus funciones básicas”.
Con la rebaja vencida, la tensión volvió a escalar. Apenas días después del 30 de junio, el presidente Javier Milei convocó a la Mesa de Enlace a un encuentro “a agenda abierta”, previsto para el martes próximo, en la antesala de la Exposición Rural de Palermo.
“Esperamos que esto no quede en una foto. Necesitamos un calendario para la eliminación de retenciones, no más parches transitorios”, reclamó Carlos Achetoni, titular de la Federación Agraria.
En la Casa Rosada son conscientes del dilema. Prorrogar la rebaja implicaría resignar más recursos fiscales, pero mantener las alícuotas podría provocar un lockout tácito de los productores, que ya empiezan a retacear la liquidación de divisas.
“El campo sigue siendo un actor central, no solo por su peso económico sino también por su capacidad de presión política”, apunta el politólogo Andrés Malamud.
El conflicto entre el Estado y el agro no es nuevo. Desde la famosa “Resolución 125” en 2008 con el “No positivo” de Cobos (Vicepresidente en aquel momento de CFK)hasta las tensiones actuales, las retenciones han sido siempre un punto de choque. Pero el contexto hoy es aún más frágil: una economía con reservas netas en rojo, inflación de dos dígitos mensuales y una deuda externa que exige dólares frescos.
“La restricción externa es el talón de Aquiles de la economía argentina. Sin un plan integral de desarrollo productivo y diversificación exportadora, medidas así son solo aspirinas para una enfermedad crónica”, sentencia Ha-Joon Chang en Economía para el 99%.
La reunión de Milei con la Mesa de Enlace no es solo un gesto político. Es la antesala de una pulseada que definirá mucho más que el futuro de las retenciones: pondrá a prueba la capacidad del Gobierno para negociar con un sector que históricamente sabe cómo tensar la cuerda.
Lo que está en juego no es menor. En un país con un plan económico que pende de un hilo y un campo que representa la principal fuente de divisas, la pregunta sigue sin respuesta: ¿puede la Argentina sostener su estabilidad macroeconómica sin ceder soberanía fiscal al sector que más concentra riqueza?
