Kicillof desembarcó en la Ciudad y se anotó en la pelea contra Milei

Kicillof desembarcó en la Ciudad y se anotó en la pelea contra Milei

En su primer acto político en territorio porteño, el gobernador bonaerense buscó proyectarse como alternativa nacional y llamó a construir una fuerza capaz de terminar con el gobierno libertario

Axel Kicillof dio este viernes un paso más en su intento de salir del perímetro bonaerense y empezar a construir volumen político con proyección nacional. En su primer acto en la Ciudad de Buenos Aires, el gobernador volvió a ubicarse como una de las figuras que buscan disputar el liderazgo opositor frente a Javier Milei y dejó explícito su objetivo: armar una fuerza capaz de ponerle fin al actual ciclo político.

Este no es un año de campaña, sino de construcción de un movimiento fuerte, confiable, que entusiasme a la mayoría y nos permita ponerle fin al gobierno de Milei y a 20 años de macrismo en la Ciudad”, planteó durante un plenario del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) en el teatro Picadero. No fue una frase al pasar. Fue, en los hechos, una nueva señal de lanzamiento.

El acto tuvo una fuerte carga simbólica. No solo porque marcó el primer desembarco político de Kicillof en territorio porteño con sello propio, sino porque dejó ver una intención más amplia: empezar a extender su construcción más allá de la provincia de Buenos Aires y probarse en distritos históricamente adversos al peronismo.

Acompañado en el escenario por el ministro de Producción bonaerense, Augusto Costa, referente de la agrupación porteña Kilómetro Cero, y por la legisladora Berenice Iañez, Kicillof buscó presentar al MDF como algo más que un espacio interno o una herramienta coyuntural. “El Movimiento Derecho al Futuro tiene la vocación de construir una alternativa que no solo permita cerrar este ciclo, sino sobre todo abrir otro que sea mucho mejor”, arengó hacia el final de su intervención.

No fue un acto multitudinario ni abierto a la prensa. Participaron unas 300 personas, entre dirigentes de organizaciones porteñas y funcionarios bonaerenses como Carlos Bianco, Andrés Larroque, Walter Correa, Estela Díaz y Cristina Álvarez Rodríguez. Desde la organización admitieron que el objetivo era más interno que expansivo: una reunión para consolidar tropa propia, ordenar señales y empezar a marcar presencia en la Capital.

Esa lógica también quedó reflejada en las ausencias. No estuvieron figuras de peso del peronismo porteño como Mariano Recalde, Leandro Santoro, Juan Manuel Olmos o Víctor Santamaría. El dato no pasó inadvertido y refuerza una lectura incómoda pero real: Kicillof todavía intenta construir en la Ciudad sin una integración plena con los actores ya establecidos del PJ local. Dicho sin maquillaje, el gobernador empieza a caminar un terreno donde no solo deberá enfrentar a Milei y al macrismo, sino también resolver las tensiones internas del propio peronismo.

En su discurso, el mandatario bonaerense cargó con dureza contra el relato económico del oficialismo. “El Gobierno nacional está en una fase maníaca, hablando de un milagro económico que contrasta con la vida cotidiana de los argentinos”, sostuvo. Y fue más allá: acusó a la derecha de “ocultar la realidad, falsear las causas y esconder cuál es el modelo de país al que nos quieren llevar”.

La crítica no fue solo económica. También buscó discutir el tipo de oposición que debe construirse en la Ciudad de Buenos Aires, un distrito que el peronismo nunca logró conquistar de manera sostenida. “Hay que hacer un trabajo inmenso porque nos ha sido históricamente esquiva. No podemos quedarnos únicamente en las condiciones de las veredas y las plazas: tenemos que discutir una estructura productiva y social distinta”, afirmó. La frase fue una forma de cuestionar tanto al oficialismo porteño como a cierta oposición administrativista, incapaz de plantear un horizonte más profundo.

La actividad en el Picadero se encadenó con otro movimiento reciente: el lanzamiento del Centro de Estudios Derecho al Futuro (CEDAF), un think tank con el que Kicillof busca dotar de contenido programático a su armado. El martes pasado, en el Teatro Coliseo Podestá de La Plata, el gobernador presentó ese espacio con un discurso en el que repasó lo que llamó “las 10 mentiras de Milei y una zoncera”, en una intervención donde volvió a insistir en que el rumbo libertario no era inevitable ni mucho menos virtuoso.

Lo que está pasando no es lo que había que hacer sí o sí, no era obligatorio, y nos lleva a un país precarizado, primarizado, dependiente, sin clase media, sin ciencia propia, sin soberanía”, aseguró entonces. Y remató con una frase de altísimo voltaje político: “Milei es el Presidente más ignorante y sometido que nos podía tocar”.

La secuencia deja poco margen para la duda. Kicillof ya no habla solo como gobernador. Empieza a hablar como dirigente nacional en construcción. La semana pasada había enviado un saludo por videoconferencia a un encuentro en Villa Carlos Paz, Córdoba, organizado por el ex senador Carlos Caserio, en otro gesto orientado a salir de su base natural y probarse en territorios hostiles para el peronismo. Ahora sumó a la Ciudad. El próximo paso será el 9 de abril, en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, donde encabezará un acto con científicos.

Con su reciente confirmación al frente del PJ bonaerense y luego de que su espacio se impusiera en 10 de los 16 municipios con internas partidarias, Kicillof parece decidido a aprovechar ese respaldo para proyectarse hacia 2027. En ese camino, el desafío no será solo consolidar una alternativa frente a Milei, sino demostrar que puede trascender el liderazgo provincial y transformarse en una referencia capaz de ordenar, representar y ampliar al peronismo en una etapa particularmente deshilachada.

Por ahora, su desembarco en la Ciudad fue modesto en escala pero claro en intención. No fue un acto para la foto. Fue un ensayo de posicionamiento. Y también una advertencia hacia adentro y hacia afuera: Kicillof ya empezó a moverse como alguien que quiere disputar el poder nacional.

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Francisco Sciaky

Periodismo

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