Milei registra su peor imagen desde que llegó a la Casa Rosada
La desaprobación al Gobierno alcanzó su nivel más alto desde el inicio de la gestión, según una encuesta de Management & Fit. Crece el malestar por la economía, aumenta el pesimismo sobre el futuro y los escándalos políticos empiezan a erosionar la confianza pública.
Mientras el Gobierno insiste en prometer “los mejores meses de la historia argentina”, una nueva encuesta nacional muestra que esa expectativa empieza a perder fuerza en la sociedad. El malestar económico se profundiza, más familias aseguran que no llegan a fin de mes y crece la sensación de que el sacrificio exigido por el oficialismo no está teniendo recompensa.
Según el último relevamiento de Management & Fit, la desaprobación del Gobierno llegó al 54,3 por ciento, el nivel más alto desde que Javier Milei asumió la Presidencia. En paralelo, la aprobación cayó al 37,2 por ciento, casi diez puntos menos que en febrero. La diferencia entre ambas mediciones ya alcanza los 17 puntos, en un contexto marcado por el deterioro del bolsillo y la pérdida de confianza en el rumbo económico.
El dato no aparece aislado. Forma parte de un cambio más profundo en el clima social. Por primera vez desde el inicio de la gestión libertaria, quienes creen que el país estará peor o igual dentro de un año superan a quienes esperan una mejora. El 41,2 por ciento tiene una mirada negativa o estancada sobre el futuro, mientras que solo el 33,9 por ciento cree que la situación estará mejor.
El problema para Milei ya no parece ser únicamente el presente económico, sino la duración de la espera. La promesa oficial fue clara desde el comienzo: primero el ajuste, después el alivio. Pero para una parte creciente de la sociedad, ese alivio no llega. Y cuando la espera se estira demasiado, la paciencia empieza a convertirse en factura política.
La inflación volvió a ubicarse como la principal preocupación de los encuestados. El 28,3 por ciento la menciona como el principal problema del país, una suba de 5,5 puntos respecto de febrero. El dato golpea uno de los argumentos centrales del Gobierno, que había presentado la desaceleración de los precios como la principal prueba de éxito de su programa económico.
Aun con una inflación más contenida que en los primeros meses de gestión, el impacto cotidiano sigue siendo fuerte. La encuesta muestra que el 55,1 por ciento de los consultados afirma que los ingresos familiares no alcanzan para cubrir los gastos habituales. En febrero, ese número era de 49,1 por ciento. Es decir: cada vez más hogares sienten que el sueldo, la jubilación o los ingresos disponibles se quedan cortos antes de fin de mes.
Además, uno de cada cuatro encuestados señala que su principal preocupación personal es llegar a fin de mes. En total, el 77,1 por ciento de las inquietudes personales está vinculado a problemas económicos. El dato resume con crudeza el clima social: la discusión pública puede hablar de equilibrio fiscal, superávit o expectativas de inversión, pero en la vida cotidiana la pregunta sigue siendo más elemental: si la plata alcanza o no alcanza.
En ese contexto, el 22,4 por ciento de los encuestados sostiene que ya no puede seguir soportando la situación económica actual. Ese número expresa un límite sensible para el oficialismo. No se trata solo de desaprobación política, sino de cansancio material.
A la fragilidad económica se le suma el desgaste provocado por distintos escándalos políticos. El caso $LIBRA continúa afectando la confianza en el Gobierno: el 59 por ciento de los consultados responsabiliza a Milei o a su entorno por lo ocurrido, mientras que el 64,9 por ciento considera que el Presidente tuvo mucha o alguna responsabilidad. Además, el 59,4 por ciento afirma que el episodio redujo su confianza en la administración libertaria.
La situación de Manuel Adorni también aparece como un foco de deterioro. Según el relevamiento, el 55,1 por ciento cree que el vocero presidencial debería renunciar, mientras que otro 23,6 por ciento considera que tendría que pedir licencia hasta que la Justicia aclare los hechos. Su imagen pública también sufrió un golpe fuerte: la valoración positiva cayó 22,4 puntos desde febrero y la negativa subió 10,8 puntos.
Otro punto delicado para el oficialismo es el caso de los créditos hipotecarios otorgados a funcionarios del Banco Nación. El 67,4 por ciento de los encuestados considera que se trató de un privilegio o de un hecho de corrupción, mientras que apenas el 15,9 por ciento lo interpreta como un acceso normal al crédito.
La encuesta también deja una señal electoral relevante. Si las elecciones fueran mañana, el 51,6 por ciento votaría por un cambio total de políticas y de equipo de gobierno. Del otro lado, el 42,8 por ciento optaría por algún tipo de continuidad, ya sea completa o con modificaciones.
El Gobierno todavía conserva un núcleo de apoyo importante, pero el informe muestra una advertencia clara: el respaldo ya no parece descansar solo en la expectativa de futuro. La economía cotidiana, los escándalos y la pérdida de paciencia empiezan a ordenar una nueva etapa política.
Milei llegó al poder con un capital simbólico fuerte: la promesa de romper con lo anterior y pagar los costos de una transformación profunda. Pero esa promesa tiene una condición: que el sacrificio encuentre sentido. Si la mejora no aparece, si el bolsillo no respira y si la confianza se desgasta, el relato del esfuerzo empieza a quedarse sin aire.
