Milei, entre la campaña y la ciencia ficción
Javier Milei eligió Ushuaia como punto de partida para una campaña que lo llevará por ocho provincias en las próximas semanas. No es casual: Tierra del Fuego es uno de los distritos que renueva bancas en el Senado y, al mismo tiempo, uno de los territorios más hostiles para el oficialismo. Allí, en pleno centro de la capital, el Presidente intentó caminar rodeado de su militancia, pero se topó con un clima adverso de protestas sindicales y oposición política. Fue un gesto calculado: mostrar a un Milei que “no le teme a la adversidad”.
La gira culminará en Córdoba, tierra clave en la historia electoral argentina, y tendrá un broche llamativo: el 6 de octubre en el Movistar Arena, Milei presentará su libro La construcción de un milagro. No se trata de un texto nuevo, sino de una recopilación de artículos y discursos ya conocidos, editados bajo un título que coquetea con la ciencia ficción. El acto promete ser más un show que una presentación editorial: el Presidente cantará como vocalista de la llamada “banda liberal”, integrada por su biógrafo Marcelo Duclos, los hermanos Venegas Lynch y Nicolás Márquez.
Lo que para algunos será un gesto excéntrico, para otros es síntoma de un problema mayor: Milei sigue comportándose como outsider cuando ya lleva casi dos años en la Presidencia. Prefiere el escenario al Congreso, la canción al acuerdo, el aplauso propio a la negociación incómoda. No abandona el libreto de campaña permanente, y en esa sobreactuación confirma lo que muchos críticos señalan: le cuesta dejar de ser candidato para asumir plenamente como presidente.
La polarización como estrategia
El recorrido por las provincias está pensado para reforzar la polarización con el kirchnerismo, que sigue siendo el enemigo predilecto del mileísmo. Los números lo confirman: según Atlas Intel, La Libertad Avanza llega al 39% de intención de voto contra el 35% de Unión por la Patria; Trends mide 42% a 38%. La Universidad de San Andrés arroja un 31% frente a 26%. Pero otras consultoras, como RDT, muestran un leve repunte kirchnerista (36% a 35%).
En todos los casos, lo que queda claro es que la llamada “tercera vía” todavía no despega. Provincias Unidas —el espacio de seis gobernadores con Schiaretti como referente— no supera el 5%. Ni Pullaro ni Valdés, ni siquiera con discursos de “sensatez y sentido común”, logran convertirse en alternativa real. El tablero parece, una vez más, partido en dos: Milei o el kirchnerismo.
Sin embargo, la polarización esconde un dato menos visible: la ventaja oficialista se achicó. Donde antes había 10 puntos, ahora hay tres o cuatro. El desgaste de la gestión, la inflación que cede pero no alcanza para llenar la heladera, los escándalos en áreas sensibles como la ANDIS, y la sensación de un gobierno que depende de salvatajes externos, empiezan a horadar la base de apoyo.
Entre el rock y la deuda
El contraste es brutal. Mientras en el país cierran pymes, la industria acumula caídas y se pierden empleos, el Presidente prepara un acto con guitarras y baterías. Mientras el Tesoro norteamericano condiciona un préstamo de 20.000 millones de dólares al resultado electoral de octubre, Milei ensaya canciones con sus diputados-músicos. Mientras el Congreso exige detalles del acuerdo con Estados Unidos, el Gobierno responde con riffs y eslóganes.
La pregunta de fondo no es estética —si un presidente debe cantar o no—, sino política: ¿qué mensaje envía Milei cuando se coloca en el centro de un show, mientras las provincias que visita lo reciben con protestas y las encuestas marcan un escenario más reñido? La ciencia ficción de su libro tal vez refleje, sin querer, el carácter irreal de una campaña que parece flotar por encima de la realidad social.
Una campaña plebiscitaria
Milei insiste en plantear la elección de octubre como un “nosotros o el caos”. Pero esa dicotomía empieza a mostrar fisuras. Hay una parte de la sociedad que, cansada de consignas, empieza a preguntarse por los hechos concretos: por qué siguen cerrando fábricas, por qué la deuda vuelve a ser el único sostén, por qué el gobierno no logra tender puentes en el Congreso.
En ese marco, el Movistar Arena del 6 de octubre puede convertirse en una postal simbólica. Un Presidente que canta rodeado de los suyos, en un show que mezcla política y rock, mientras afuera la agenda nacional pide respuestas más terrenales: salarios, trabajo, industria, futuro.
Milei apuesta a que la épica libertaria, amplificada por micrófonos y guitarras, alcance para tapar las tensiones de la gestión. Pero la realidad, como siempre, es más dura que la música. Octubre será un examen no solo de votos, sino de credibilidad. Y ahí el Presidente ya no podrá cantar: tendrá que gobernar.
