La recesión que no se ve
El gobierno sostiene que la economía está en recuperación, pero detrás de ese relato hay datos muy distintos que revelan una caída sostenida del consumo masivo, la producción local y el empleo. Para entender la verdadera magnitud de la recesión, es necesario mirar más allá de los números parciales que el oficialismo elige exhibir.
En lugar de comparar mayo de 2025 con noviembre de 2023 —antes de la megadevaluación de diciembre—, se toma como referencia abril de 2024, justo tras el pico inflacionario. Esa comparación “a piso” disimula un derrumbe real de más del 20 % en la construcción entre fines de 2023 y la actualidad, presentando un descenso profundo como si fuera sólo un leve tropiezo mensual.
El contraste entre sectores es brutal. El rubro automotor marcó un alza del 5,8 % en mayo respecto a abril, gracias casi exclusivamente al crecimiento de las exportaciones (+16,4 %). Pero el mercado interno y la construcción muestran caídas abruptas: el IVA real se desplomó 11,1 % en mayo y la venta de insumos para obra bajó 12,1 %, mientras que el despacho de cemento cayó un 8 % interanual.
La salud del tejido empresarial está en jaque. Desde que asumió la nueva gestión, los cheques rechazados por falta de fondos se dispararon un 108,7 %, llegando a 64 244 en abril, y el país perdió 13 111 empresas registradas, un 2,8 % menos que al inicio del mandato. Ese derrumbe productivo es la clara señal de una cadena de pagos rota y de unidades productivas que cierran por falta de liquidez.
El golpe al empleo y a los salarios es igual de significativo. El salario real de los trabajadores privados registrados acumula dos meses consecutivos de caída y hoy está un 20 % por debajo del pico de septiembre de 2015. En paralelo, desde el comienzo de la gestión se perdieron 115 300 puestos de trabajo privados, y a dieciséis meses de crisis aún no hay recuperación de los niveles preexistentes.
Mientras tanto, un sector minoritario festeja el “barato” del dólar: la compra de bienes durables —autos, casas y motos— creció en los primeros cuatro meses de 2025, impulsando un indicador general de consumo privado. Sin embargo, el consumo de bienes no durables, como alimentos y medicamentos, se contrajo un 5,1 % respecto a 2023. Así conviven dos Argentinas: una que puede renovar su auto y otra que ajusta cada peso en el supermercado.
Maquillando estadísticas selectas y eligiendo comparaciones a conveniencia, el relato oficial oculta que el supuesto crecimiento no llega a la mayoría. Sin medidas que reactiven el mercado interno, defiendan a las pymes y fortalezcan el poder adquisitivo, este modelo de ajuste y endeudamiento difícilmente derive en una recuperación real y sostenida.
