La deuda como alivio de corto plazo: el Gobierno consigue dólares, pero no despeja la desconfianza
El Ministerio de Economía celebró este miércoles una nueva colocación de deuda en dólares, pero detrás del comunicado oficial aparece una señal menos cómoda para el Gobierno: la Argentina sigue necesitando endeudarse para sostener una estabilidad frágil, mientras el mercado mantiene encendida la alarma sobre el riesgo país, los bonos y las reservas.
La Secretaría de Finanzas informó que recibió ofertas por 147 millones de dólares en la segunda vuelta de la licitación de los bonos Bonar 2027 y Bonar 2028, y adjudicó la totalidad del monto. La operación se suma a la licitación del martes, en la que el Tesoro había colocado instrumentos en pesos, dólar linked y dólares. En los papeles, el Gobierno muestra capacidad de financiamiento. En la realidad, el dato expone otra cosa: la necesidad permanente de conseguir aire financiero para llegar al próximo vencimiento.
El relato oficial insiste en presentar estas colocaciones como una muestra de orden macroeconómico. Pero el mercado, más frío que cualquier discurso, parece mirar otra película. El riesgo país volvió a moverse cerca de los 600 puntos básicos y los bonos soberanos mostraron debilidad. Es decir: el Gobierno consigue compradores para sus títulos, pero todavía no consigue confianza sostenida.
La administración de Javier Milei intenta vender la idea de una economía normalizada, pero los números muestran una normalidad muy discutible. Las reservas siguen bajo observación, el dólar permanece como termómetro cotidiano y la inflación, aunque haya desacelerado frente a los picos más altos, continúa golpeando ingresos, consumo y actividad. La estabilización, si existe, no llega a la mesa de la mayoría: llega antes a los balances, a los comunicados y a las pantallas del mercado.
El problema de fondo es que el ajuste fiscal se convirtió en la única brújula del Gobierno. Milei exhibe el superávit como trofeo, pero evita discutir el costo social de conseguirlo: caída del consumo, salarios atrasados, jubilaciones deterioradas, obra pública paralizada y provincias obligadas a administrar escasez. La economía puede mostrar cierto orden contable, pero un país no se gobierna como una planilla de Excel. O sí, pero después no hay que sorprenderse cuando la vida real pasa factura.
La colocación de deuda en dólares funciona entonces como una postal del momento económico argentino: el Gobierno consigue oxígeno, pero no cura la enfermedad. Hay financiamiento, pero no confianza plena. Hay disciplina fiscal, pero con deterioro social. Hay discurso de estabilidad, pero con una economía que todavía no logra ofrecer horizonte a quienes trabajan, producen o consumen.
Milei prometió terminar con la decadencia. Por ahora, su programa parece más concentrado en administrar el sufrimiento que en construir una salida. Y la deuda, una vez más, aparece como ese viejo recurso argentino que todos critican cuando están afuera del poder y todos usan cuando llegan a la Casa Rosada.
