Carlos Pirovano: “Yo no creo que el INCAA debería desaparecer”
El presidente del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales defendió la transformación del sistema de fomento, cuestionó las críticas de Dolores Fonzi y sostuvo que el objetivo de la política pública debería ser que el cine argentino pueda alcanzar una mayor autonomía respecto del Estado. También habló sobre educación, vouchers, libertad de expresión y definió a Javier Milei como el mejor presidente desde el regreso de la democracia.
Carlos Pirovano llegó al Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) casi por casualidad. Según relató durante una extensa entrevista con Crónicas del Futuro, había militado políticamente por Patricia Bullrich y, después de las elecciones de 2023, esperaba continuar trabajando en el sector privado. Sin embargo, una cadena de contactos terminó colocando su nombre sobre la mesa para conducir uno de los organismos culturales más discutidos desde la llegada de Javier Milei al poder. “Necesitan un killer”, recordó que le dijo Ralph Haiek, expresidente del Instituto, antes de recomendarlo para el cargo. Pirovano aceptó y asumió con una premisa definida: revisar gastos, subsidios y mecanismos de financiamiento.
En la conversación con el programa Crónicas del Futuro, el funcionario defendió el rumbo de su gestión frente a las fuertes críticas que una parte de la industria cinematográfica viene realizando sobre las políticas oficiales. Buena parte del intercambio giró alrededor de las declaraciones de Dolores Fonzi en el Festival de San Sebastián. La actriz y directora había cuestionado el retiro de recursos y las dificultades que, según su planteo, enfrenta actualmente el cine argentino para desarrollar producciones y coproducciones internacionales. Pirovano rechazó esa descripción y sostuvo que el Instituto continúa destinando recursos a la actividad, aunque con criterios diferentes a los utilizados anteriormente.
El presidente del INCAA planteó que una de las modificaciones centrales consiste en vincular determinados subsidios con la audiencia alcanzada por las películas. Según explicó, para acceder al subsidio correspondiente a otros medios de exhibición, una producción debe acreditar al menos 10.000 visualizaciones a través de una plataforma.
Pirovano sostuvo además que existe otro camino para aquellas películas de autor, experimentales o destinadas a públicos más reducidos: los concursos. Durante la entrevista aseguró que el Instituto proyecta destinar este año alrededor de 14 millones de dólares a ese mecanismo y enumeró convocatorias para guiones, documentales digitales, desarrollo de proyectos, películas terminadas, producciones orientadas a grandes audiencias y coproducciones internacionales.
La discusión con Fonzi derivó en una cuestión más profunda: cuál debe ser el papel del Estado frente a la cultura. Pirovano reconoció la importancia cultural del cine, pero rechazó la idea de que esa importancia garantice automáticamente el derecho de cualquier producción a recibir fondos públicos. “La cultura es el alma de los pueblos”, concedió, aunque inmediatamente agregó que el Estado tampoco es “puro, limpio y neutral” y advirtió sobre el riesgo de construir una cultura oficial condicionada por el gobierno de turno.
En ese punto, buscó establecer una diferencia entre las posiciones ideológicas de los funcionarios y los criterios utilizados para distribuir fondos. Según explicó, los proyectos pasan por evaluaciones de pares y los jurados son seleccionados mediante mecanismos destinados a evitar que la orientación política determine el resultado. Pirovano aseguró que su objetivo es que una película no obtenga apoyo por ser de izquierda, de derecha o por coincidir con las posiciones del Gobierno, sino por cumplir las condiciones establecidas por las políticas de fomento.
La continuidad misma del Instituto también apareció sobre la mesa. Ante la pregunta sobre si el INCAA debería desaparecer, Pirovano fue categórico: “Yo no creo que el INCAA debería desaparecer”. Según su razonamiento, el éxito de una política de fomento debería medirse por su capacidad de fortalecer al sector hasta que determinadas producciones puedan sostenerse sin depender permanentemente del financiamiento estatal.
Esa concepción atravesó buena parte de la entrevista. Para Pirovano, el problema no reside exclusivamente en cuánto dinero destina el Estado al cine, sino en qué condiciones lo entrega y qué resultados espera obtener. “¿Por qué al cine le damos plata y al panadero le sacamos con impuestos?”, preguntó al defender la necesidad de justificar económicamente el uso de recursos públicos. Aun así, reconoció que existen producciones cuya relevancia artística no necesariamente coincide con su rentabilidad comercial y sostuvo que los concursos deben cubrir precisamente ese espacio.
Las reformas impulsadas por su gestión son, al mismo tiempo, objeto de una fuerte controversia dentro del propio sector. Representantes del Consejo Asesor del INCAA cuestionaron públicamente durante 2026 el rumbo adoptado por Pirovano y advirtieron ante la Cámara de Diputados sobre la situación de la actividad audiovisual. El debate, por lo tanto, enfrenta dos diagnósticos marcadamente diferentes: mientras la conducción del Instituto presenta los cambios como un intento de ordenar el financiamiento y vincular parte del apoyo con audiencias y resultados, sectores de la industria sostienen que las modificaciones produjeron un deterioro de la producción nacional.
La conversación se extendió luego hacia otros terrenos. Pirovano ratificó una antigua posición favorable al sistema de vouchers educativos y recordó la controversia que provocó años atrás cuando escribió que la educación pública estaba “muerta”. Según explicó, su propuesta consiste en cambiar el modo de financiar el sistema: en lugar de que el Estado sostenga directamente la oferta mediante escuelas públicas, financiaría la demanda otorgando recursos a cada estudiante para que pueda elegir dónde estudiar.
El economista defendió ese esquema con el argumento de que permitiría una mayor competencia entre instituciones y daría a familias de menores ingresos la posibilidad de elegir establecimientos a los que actualmente no podrían acceder. También admitió que un voucher no elimina las desigualdades derivadas del origen familiar, la educación de los padres o las condiciones sociales. “La magia no existe”, reconoció durante el intercambio.
La libertad de expresión fue otro de los asuntos centrales. Pirovano cuestionó la lógica de la cancelación y mostró reparos frente al uso amplio del concepto de “discurso de odio”. Para el funcionario, restringir determinadas posiciones por considerarlas ofensivas puede terminar debilitando el debate democrático. Su planteo fue que incluso las ideas más controvertidas deberían poder exponerse y confrontarse públicamente, siempre dentro del marco legal, porque considera que intentar silenciarlas no necesariamente logra eliminarlas.
Sobre el final llegó una de las definiciones políticas más contundentes de toda la entrevista. Consultado sobre quién considera el mejor presidente argentino desde la recuperación democrática, Pirovano respondió sin vacilar que, a su juicio, es Javier Milei.
Justificó su posición diferenciando dos etapas. Por un lado, destacó que desde 1983 la Argentina logró consolidar el sistema democrático y dejar atrás los golpes militares como salida frente a las crisis políticas. Por otro, sostuvo que los sucesivos gobiernos conservaron, según su interpretación, una concepción “patrimonialista” de los recursos públicos. Milei, afirmó, habría introducido una ruptura al instalar la idea de que “la plata del Estado es de la gente”. Se trata de una valoración política personal de Pirovano, no de un hecho objetivo, y constituye uno de los puntos donde con mayor claridad explicitó su identificación con la orientación del actual gobierno.
Pirovano aseguró, sin embargo, que su relación personal con el Presidente es prácticamente inexistente: contó que solamente lo vio una vez, durante la asunción de Federico Sturzenegger como ministro. Su vínculo con el proyecto oficial, explicó, pasa fundamentalmente por las políticas que considera que debe ejecutar desde el organismo.
Entre el futuro del cine argentino, la discusión sobre los subsidios y una defensa amplia de la libertad individual, Pirovano dejó una definición que atraviesa toda su concepción de la gestión pública: el Estado puede intervenir, pero esa intervención, a su entender, no debería convertirse en una dependencia permanente. Para el presidente del INCAA, el objetivo final es que la industria audiovisual tenga la capacidad de caminar cada vez más por cuenta propia.
