Último debate presidencial de Lula da Silva y Flávio Bolsonaro antes del balotaje en Brasil
A dos días de la segunda vuelta, el presidente brasileño convirtió el modelo libertario en uno de sus principales argumentos contra el hijo de Jair Bolsonaro. “Vos decís que querés un modelo igual al de Milei”, disparó. Un debate más contenido que el primero, que terminó con golpes bajos, una disculpa forzada y un empate que sigue abierto.
Lula da Silva, que busca su reelección el domingo frente a Flávio Bolsonaro, eligió a la Argentina de Javier Milei como espejo de lo que, según él, le espera a Brasil si gana la derecha. Lo hizo en el último debate presidencial antes del balotaje, transmitido por TV Globo desde Río de Janeiro.
“En la Argentina la pobreza llegó al 40%, el pueblo come carne de burro, y vos decís que querés un modelo igual al de Milei”, le planteó Lula, que también lo desafió a explicar si pensaba traer “la motosierra” para recortar gastos y salarios. Flávio esquivó la comparación: “En Argentina la izquierda gobernó durante 20 años destruyendo a la Argentina”.
Ninguno de los dos fue preciso. Según el INDEC, la pobreza alcanzó al 32,3% de las personas en el primer semestre de 2026, unos 9,7 millones de argentinos. Pero el dato de fondo le da la razón a Lula más que la cifra que eligió: la pobreza subió 4,1 puntos en apenas seis meses, desde el 28,2% del segundo semestre de 2025, y la indigencia pasó del 6,3% al 7,5%. Flávio, por su parte, estiró la historia: el kirchnerismo y el gobierno de Alberto Fernández suman 16 años, no 20.
Salarios, deuda y tasas
La economía ocupó buena parte de la noche. Lula le preguntó a su rival si sabía cuánto cobraría hoy un trabajador si los gobiernos del PT no hubieran aumentado el salario mínimo por encima de la inflación. Flávio evadió la respuesta: “El poder adquisitivo fue destruido por el Gobierno, que gasta mucho. Lula, usted endeudó al país”. El presidente contestó con números: “Sería de sólo 900 reales. Hoy es de 1.621. Eso quieren para Brasil ellos, por eso lo siguen a Milei”.
Flávio insistió en que “los pobres son los que más sufren la inflación”, acusó al Gobierno de subir impuestos para financiar el gasto y aseguró que, si su padre hubiera seguido en el poder, la tasa del Banco Central sería del 7% y no del 14% actual. Lula le reprochó a la derecha haber vuelto independiente al Banco Central, una autonomía aprobada en 2021, durante el gobierno de Jair Bolsonaro. Flávio respondió que el PT “empezó a emitir moneda y generó inflación” y prometió pagar “una parte de la deuda para que la tasa siga cayendo”.
La frase más efectiva del candidato del PL llegó en el tercer bloque: “El brasileño antes pagaba en cuotas el microondas, la cocina, la heladera; ahora paga en cuotas lo que tiene adentro de la heladera. Hay cuotas hasta para la pizza”. Según Flávio, más de 80 millones de brasileños tienen cuentas atrasadas. Y le recordó a Lula una promesa de la campaña de 2022: “Prometiste el asado y no lo entregaste. Estás entregando deuda”.
Trump y los aranceles
Si Milei fue la advertencia de Lula, Donald Trump fue su acusación. El presidente le reprochó a Flávio “lamer las botas” del mandatario estadounidense y lo vinculó con los aranceles del 25% que Washington impuso a las importaciones brasileñas, algo que el senador negó una y otra vez. “Si Trump no quiere comprar de Brasil, voy a vender a otros lugares”, afirmó Lula, que se jactó de que el país “nunca exportó tanto”.
La estrategia del presidente es clara: no discute con un modelo abstracto, sino con aliados que tienen nombre y resultados a la vista. La de Flávio también: presentarlo como un hombre del pasado. “Sus ideas eran buenas a comienzos de los años 2000, pero hoy no funcionan más”, le dijo.
“No voy a permitir que un miliciano me llame nueve dedos”
El momento más tenso llegó en plena discusión sobre la inflación. Flávio acusó a Lula de darle algo al pueblo “con una mano” y quitárselo con “nueve dedos”, en alusión al meñique que el presidente perdió en un accidente en una metalúrgica. Lula pidió el derecho a réplica y exigió una disculpa, para él y para los trabajadores que sufrieron accidentes por falta de seguridad laboral.
“Si hay alguien que sabe lo que es el mundo del trabajo soy yo. Perdí el dedo a los 17 años trabajando de noche, porque o trabajaba o no comía”, dijo. Después apuntó a la trayectoria de su rival: “Jamás trabajó en su vida”. Y sostuvo que su primer empleo, en el despacho de un diputado en Brasilia, fue “falso”. “No voy a permitir que un miliciano me llame nueve dedos”, remató. Flávio pidió “disculpas, de verdad”.
Salud, Amazonas y seguridad
La pandemia volvió a ser terreno de golpes bajos. Lula defendió el sistema de salud público y le cargó a Jair Bolsonaro las muertes por covid: “Podría haberse salvado la mitad de las personas que se murieron, mientras el entonces presidente hacía chistes y se burlaba”. También acusó a Flávio de no conocer el país: “La única imagen que tiene del Amazonas es la de su padre riéndose de personas que morían por falta de oxígeno”. Flávio respondió que en los hospitales “hay filas para todo y turnos de meses o años” y prometió “un tijerazo a los impuestos y a los cargos creados”.
El candidato del PL abrió el debate con un golpe sobre la obra pública: “Hay 100.500 obras paralizadas. Brasil volvió a ser un gran cementerio de obras”. Y tuvo su propia ofensiva sobre seguridad: acusó a Lula de haber dejado proliferar al Comando Vermelho en el Nordeste, la región natal del presidente, y sostuvo que los estados gobernados por el PT y sus aliados “son los más violentos de Brasil”.
Un cierre a cara de perro
En el último bloque, de tema libre, los candidatos se desataron. Se acusaron mutuamente por la expansión de las apuestas online y el moderador, César Tralli, tuvo que llamarles la atención. Lula también insinuó irregularidades en la compra de una isla vinculada al futbolista Richarlison, amigo de Flávio. El candidato respondió que “la Justicia ya lo investigó” y que “la isla nunca fue de Richarlison”, y contraatacó: “¿Cuál es el problema que tenés con la Policía?”.
Hubo también un pase involuntario. Lula le preguntó por qué había sido el único diputado estadual de Río de Janeiro en votar contra la ampliación de la licencia por maternidad. Flávio agradeció la pregunta, en línea con su estrategia de mejorar su imagen entre las mujeres: “Me equivoqué. Después de casarme y tener dos hijas, sé más que nunca la importancia de una madre cerca de su hijo”.
El gesto acompañó un cambio de imagen. Flávio dejó el traje sin corbata del primer debate, el 18 de octubre, y se presentó con corbata para proyectarse como estadista. También tuvo que adaptarse a una novedad: la “regla antiburla”, que pidió la campaña de Lula después de que el senador se pasara el primer cara a cara gesticulando a espaldas del presidente mientras hablaba.
Una elección abierta, con la Argentina en juego
El panorama no autoriza certezas. En la primera vuelta del 4 de octubre, Flávio Bolsonaro se impuso con el 47% frente al 45% de Lula. Según la última encuesta de Datafolha, publicada el jueves, llegan al domingo con un empate exacto: 50% de los votos válidos para cada uno.
En líneas generales, el debate fue más contenido que el primero, con un Lula contundente pero más calmo y un Flávio que buscó un perfil moderado. Solo en el tramo final volvieron los golpes bajos, y no pareció inclinar la balanza: Lula llevó la discusión al terreno de los salarios, Milei y Trump; Flávio, al de la deuda y la inseguridad.
Para la Argentina, el resultado no es indiferente. Brasil es su principal socio comercial, y un triunfo de Flávio le daría a Milei un aliado ideológico en el país más importante de la región. Una victoria de Lula, en cambio, consolidaría a su principal crítico en América del Sur: el mismo que esta noche usó a la Argentina como ejemplo de lo que no hay que hacer.
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