Luis Moreno Ocampo: “El mundo que vivimos hay que construirlo”

Luis Moreno Ocampo: “El mundo que vivimos hay que construirlo”

El exfiscal adjunto del Juicio a las Juntas y primer fiscal jefe de la Corte Penal Internacional, Luis Moreno Ocampo, dialogó con Crónicas del Futuro sobre el impacto de la inteligencia artificial, el poder de las grandes compañías tecnológicas y los límites del actual orden mundial. También analizó el rol de la justicia internacional, recordó el Juicio a las Juntas y reflexionó sobre Alfonsín, Menem y los problemas estructurales de la Justicia argentina.

Luis Moreno Ocampo dialogó con Crónicas del Futuro y trazó un diagnóstico sobre un mundo que, a su entender, está cambiando con mayor velocidad que la capacidad de las instituciones políticas y académicas para comprenderlo. El exfiscal del Juicio a las Juntas y primer fiscal jefe de la Corte Penal Internacional puso el foco en la inteligencia artificial, las redes sociales, las nuevas formas de manipulación política y la aparición de actores privados capaces de ejercer una influencia global que hasta hace algunas décadas estaba reservada casi exclusivamente a los Estados.

Para Moreno Ocampo, el problema no es solamente tecnológico sino también institucional. Las estructuras políticas continúan organizadas alrededor de fronteras nacionales mientras buena parte de los conflictos, los negocios, la información y el poder ya circulan por encima de ellas. “Tenemos problemas nuevos enfrentados con ideas viejas”, sintetizó al describir esa tensión entre instituciones heredadas y transformaciones que avanzan a una velocidad inédita.

En ese escenario ubicó fenómenos como Cambridge Analytica y la creciente capacidad de las plataformas digitales para segmentar sociedades e influir sobre comportamientos políticos. También señaló el peso adquirido por figuras como Elon Musk, cuyo control sobre determinadas infraestructuras tecnológicas y satelitales le otorga, según su análisis, una capacidad de intervención internacional que antes pertenecía principalmente a los gobiernos. “La geopolítica no es más sobre Estados nacionales solamente”, sostuvo.

Moreno Ocampo considera que ese nuevo escenario obliga a pensar instituciones diferentes, aunque rechazó caracterizarlo simplemente como una situación anárquica. “No hay caos, lo que hay es complejidad”, afirmó. Para el jurista, comprender esa complejidad requiere incorporar herramientas nuevas y abandonar la expectativa de que los modelos políticos tradicionales puedan responder por sí solos a problemas que atraviesan simultáneamente distintos países y sociedades.

La inteligencia artificial ocupa un lugar central en esa reflexión. Lejos de proponer una batalla contra ella, Moreno Ocampo planteó la necesidad de apropiarse de esas herramientas y orientarlas hacia objetivos colectivos. Recordó que durante su paso por Harvard ya se discutía cómo utilizar la inteligencia artificial para el bien común y sostuvo que esa preocupación debería adquirir una dimensión verdaderamente global, capaz de incluir las necesidades de sociedades alejadas de los principales centros tecnológicos.

“Hay que poner la inteligencia artificial al servicio del bien común”, afirmó. Desde esa perspectiva, planteó que ciudadanos, universidades, organizaciones y especialistas deberían construir aplicaciones capaces de utilizar la misma tecnología para enfrentar problemas como la guerra, la violencia, la discriminación o el deterioro ambiental. La apuesta, explicó, consiste en dejar de pensar a la inteligencia artificial únicamente como una herramienta de empresas o gobiernos y comenzar a utilizarla también para organizar acciones colectivas.

Su diagnóstico sobre las nuevas formas de poder se vincula directamente con su experiencia en la Corte Penal Internacional. Moreno Ocampo defendió el valor del tribunal aun frente a las dificultades para ejecutar algunas de sus decisiones y rechazó la idea de que la ausencia de una fuerza policial propia vuelva irrelevantes sus resoluciones. Explicó que, como cualquier tribunal, la Corte depende de otras instituciones para hacer efectivas sus órdenes y que los Estados miembros asumen obligaciones respecto de ellas.

Según señaló, una orden internacional de arresto puede modificar seriamente la capacidad de movimiento de un jefe de Estado y obligarlo a depender de la protección política de determinados gobiernos. En ese marco, ubicó las críticas de Donald Trump a la Corte dentro de una disputa más amplia acerca de los límites al poder internacional estadounidense. Para Moreno Ocampo, una institución independiente capaz de investigar a dirigentes o fuerzas militares constituye necesariamente una restricción para quienes pretenden ejercer poder sin controles externos.

Al recordar su función como primer fiscal jefe de la Corte Penal Internacional, definió con claridad el principio que guiaba ese trabajo: “Yo trabajo para la humanidad”. Para Moreno Ocampo, ese carácter supranacional representa uno de los aspectos más novedosos de la institución, porque obliga a pensar determinados crímenes desde una perspectiva que no responda exclusivamente a los intereses de un Estado.

Una parte importante de la entrevista estuvo dedicada también al Juicio a las Juntas y al proceso mediante el cual la Argentina comenzó a revisar los crímenes cometidos durante la última dictadura. Moreno Ocampo destacó especialmente el papel de Raúl Alfonsín y consideró que la importancia del proceso excedió ampliamente la actuación de fiscales y jueces. A su entender, el punto de partida fue una decisión política capaz de instalar públicamente la necesidad de investigar el pasado en una región donde semejante experiencia prácticamente no tenía antecedentes.

“Alfonsín cada vez me parece más grande”, sostuvo. Según explicó, el expresidente consiguió combinar su convicción democrática con una estrategia política que permitió llevar la cuestión de los derechos humanos al centro del debate electoral y luego transformarla en una política institucional.

Moreno Ocampo recordó que durante los años de la dictadura buena parte de la sociedad no conocía la magnitud de los centros clandestinos de detención ni de las desapariciones. Otros sectores, agregó, tenían información parcial pero encontraban enormes dificultades para aceptar que el propio Estado pudiera funcionar como una estructura criminal. Esa transformación de la percepción social fue uno de los elementos que, posteriormente, hizo posible el impacto del Juicio a las Juntas.

Para explicar ese proceso recurrió incluso a su experiencia familiar. Contó que su madre, proveniente de una familia militar, modificó su mirada sobre Jorge Rafael Videla después de conocer el testimonio de Adriana Calvo de Laborde durante el juicio. Moreno Ocampo destacó que ella llegó a esa información a través de La Nación, pese a que el periodista que cubría el proceso tenía una mirada ideológica diferente de la fiscalía. A su entender, aquel episodio demuestra la importancia de un periodismo capaz de distinguir entre sus posiciones políticas y la fidelidad a los hechos.

Ese recuerdo le permitió establecer un contraste con el funcionamiento actual de las redes sociales. Los algoritmos, explicó, tienden a organizar a los usuarios dentro de comunidades que interactúan fundamentalmente con personas que comparten sus opiniones. Esas cámaras de eco pueden provocar que una afirmación sea rechazada no por su contenido, sino simplemente por provenir del grupo político o cultural contrario.

En ese sentido, Moreno Ocampo sostuvo que uno de los grandes aprendizajes del Juicio a las Juntas fue reemplazar la lógica de la violencia por la de la justicia. Recordó que la acusación también describió las acciones violentas de las organizaciones guerrilleras porque la fiscalía pretendía representar a una sociedad que rechazara las muertes independientemente de quién las provocara. “Nosotros representábamos a la sociedad argentina que no quería muertos”, explicó.

El exfiscal recordó que recibió con fuerte rechazo los indultos dispuestos por Menem, aunque sostuvo que para comprender aquellas decisiones es necesario reconstruir también el escenario político y militar de la época. Su análisis no pretende justificar esas medidas, sino situarlas dentro de las estrategias que cada gobierno utilizó para consolidar su propia autoridad frente a unas Fuerzas Armadas que todavía constituían un factor de poder.

Otro de los grandes ejes de la entrevista fue la situación de la Justicia argentina. Moreno Ocampo identificó allí un problema estructural que, según su mirada, atravesó gobiernos de diferentes signos políticos: la intención de influir sobre la designación de magistrados. Consideró que durante el menemismo esa práctica se profundizó mediante la búsqueda de jueces particularmente cercanos al poder, aunque aclaró que no todos los integrantes del Poder Judicial pueden ser evaluados de la misma manera.

“Nadie quiere jueces independientes e imparciales. Todos quieren un juez amigo”, afirmó. A su juicio, el problema no reside solamente en la conducta individual de determinados magistrados, sino en las reglas y los incentivos que utiliza la política para seleccionar a quienes ocupan esos cargos. Al mismo tiempo, destacó como un avance la renovación de la Corte Suprema realizada durante la presidencia de Néstor Kirchner y valoró también a magistrados incorporados posteriormente, al considerar que un juez puede tener una determinada visión jurídica sin convertirse por ello en un instrumento partidario.

Hacia el final de la conversación, Moreno Ocampo volvió al problema que había planteado desde el comienzo: las instituciones heredadas ya no alcanzan para administrar un mundo atravesado por redes globales, inteligencia artificial, grandes empresas tecnológicas y conflictos que cruzan fronteras. Eso no significa, aclaró, que los Estados nacionales o los partidos políticos deban desaparecer, sino que dejaron de ser suficientes para resolver por sí solos muchos de los problemas contemporáneos.

Para el exfiscal, uno de los desafíos principales pasa por construir comunidades capaces de relacionarse más allá de las identidades nacionales, políticas o religiosas. En su análisis, cuando distintas sociedades comparten instituciones y reglas comunes, los conflictos pueden procesarse mediante el derecho y la justicia; cuando se perciben mutuamente como comunidades enemigas, aumenta la posibilidad de que aparezca la lógica de la guerra.

Esa misma reflexión atraviesa su preocupación por las divisiones generadas a través de las redes sociales y por la dificultad creciente para construir consensos básicos. Moreno Ocampo sostuvo que los partidos políticos siguen teniendo un papel fundamental, pero necesitan conectarse con formas nuevas de organización que permitan abordar problemas cuya escala ya no coincide con la de los Estados.

“El Estado nacional es hardware del siglo XVIII. Tenemos que inventar un hardware nuevo”, afirmó al sintetizar ese desafío institucional. Para Moreno Ocampo, las tecnologías del siglo XXI requieren estructuras capaces de acompañar una realidad en la que ciudadanos, compañías y organizaciones pueden operar simultáneamente en diferentes partes del mundo.

Su planteo no parte, sin embargo, de la idea de un futuro inevitable. Moreno Ocampo insistió en que la transformación tecnológica también abre oportunidades para construir redes y herramientas que antes hubieran requerido décadas. Allí aparece una de las definiciones más fuertes de la entrevista: “El destino incluye las decisiones que tomamos y las que no tomamos”.

Para el exfiscal, la inteligencia artificial puede profundizar la manipulación política, fortalecer poderes concentrados y aumentar la fragmentación social, pero también puede utilizarse para conectar personas, defender derechos y construir nuevas formas de acción colectiva. De allí su conclusión: “El mundo que vivimos hay que construirlo”.


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Francisco Sciaky

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