Apertura de sesiones: Milei convirtió el Congreso en una tribuna de agravios y relanzó su agenda de ajuste

Apertura de sesiones: Milei convirtió el Congreso en una tribuna de agravios y relanzó su agenda de ajuste

Javier Milei abrió las sesiones ordinarias del Congreso el 1 de marzo de 2026 con un discurso atravesado por insultos, provocaciones y una puesta en escena más cercana al acto partidario que a una instancia institucional de rendición de cuentas. En su intervención, el Presidente volvió a cargar contra la oposición con descalificaciones como “ladrones”, “asesinos” e “ignorantes”, mientras buscó exhibir fortaleza política tras sus recientes victorias legislativas.

Lejos de un mensaje orientado a reconstruir mínimos consensos democráticos, Milei eligió profundizar la confrontación. La apertura parlamentaria, que debería funcionar como un acto de Estado, fue usada para consolidar su narrativa de enemigos internos, atacar al kirchnerismo y reforzar un clima de hostilidad política que erosiona el debate público y degrada el funcionamiento institucional.

En el plano de anuncios, el mandatario insistió con una nueva ola de reformas para 2026, entre ellas cambios en el sistema tributario, el sistema electoral y el Código Penal, bajo la lógica de reducir el Estado y avanzar con desregulaciones. También volvió a defender la reforma laboral ya aprobada por el Congreso, cuestionada por sectores sindicales y opositores por facilitar despidos y aumentar la precarización.

Milei además profundizó su alineamiento internacional con Donald Trump, a quien presentó como un aliado clave, y planteó una visión geopolítica centrada en recursos naturales, minerales críticos y una apertura económica agresiva. En esa línea, volvió a embestir incluso contra empresarios industriales locales que cuestionan la apertura importadora, a los que acusó de sostener privilegios.

Pero el problema no fue solo el tono. También hubo cuestionamientos sobre la veracidad y el encuadre de varios datos presentados por el Presidente. Un relevamiento de Chequeado sobre el discurso marcó afirmaciones falsas, engañosas o exageradas en temas sensibles como educación, pobreza, homicidios, piquetes y evolución de indicadores sociales, aunque también validó algunos datos puntuales. Ese combo —agresividad política más uso selectivo de estadísticas— refuerza una forma de comunicación oficial basada más en la construcción de relato que en la discusión honesta de políticas públicas.

Con una oposición fragmentada y un Congreso más favorable tras las legislativas de 2025, Milei llega a este nuevo período con más poder parlamentario que al inicio de su mandato. El riesgo es que esa fortaleza no se traduzca en mejor democracia, sino en una aceleración de reformas regresivas, con menos derechos, más conflictividad social y una Presidencia cada vez más acostumbrada a gobernar desde la confrontación permanente.

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Francisco Sciaky

Periodismo

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