Milei frente a Lula: el costo de una apuesta perdida
El Gobierno se niega a felicitar al presidente reelecto de Brasil, la relación diplomática sigue rebajada y la fuga de Flávio Bolsonaro por Misiones suma tensión. Mientras tanto, Brasil sigue siendo el principal socio comercial de la Argentina.
“No va a haber un comunicado oficial”. Con esa frase, el vocero presidencial Adrián Ravier confirmó el martes que Javier Milei no felicitará a Luiz Inácio Lula da Silva por su reelección. El Gobierno, dijo, “tomó nota del resultado electoral”. Como justificación, recordó que Lula tampoco había felicitado personalmente a Milei cuando ganó en 2023.
El gesto deja a Milei en una posición singular: según La Nación, es el único mandatario de derecha de la región que no reconoció públicamente el triunfo de Lula. Se alineó, en cambio, con Donald Trump, que tampoco lo hizo. Y con el propio Flávio Bolsonaro, que denunció un “fraude” sin presentar pruebas. Fuentes oficiales admitieron que reconocer a Lula “debilitaría” la impugnación que prepara el bolsonarismo.
Una apuesta abierta
La tensión no empezó el domingo. En julio, Milei viajó a Brasil para participar del acto de proclamación de Flávio como candidato. Allí llamó a Lula “presidiario” y “ladrón”, y respaldó abiertamente un cambio de gobierno en el país vecino. Brasil llamó a consultas a su embajador y, desde agosto, la relación quedó rebajada al nivel de encargados de negocios, un escalón poco habitual entre dos socios de ese peso. En octubre, Itamaraty volvió a protestar por los dichos del Presidente.
Milei no sólo tomó partido en una elección extranjera. Apostó todo a un resultado. Y perdió.
Lo que dicen los números
El Gobierno insiste en que la pelea es ideológica y que no afectará los vínculos económicos. “A nivel técnico se sigue trabajando, y mucho”, dijo una fuente oficial. Los números explican por qué necesita creerlo. Según el INDEC, en el primer semestre de 2026 la Argentina le vendió a Brasil 6.254 millones de dólares, alrededor del 13% de todas sus exportaciones. Ningún otro país le compró tanto. Del otro lado, el 22% de lo que la Argentina importa viene de Brasil.
No es una relación de la que se pueda prescindir. Y las próximas citas lo van a poner a prueba: la cumbre del Mercosur del 4 de diciembre en Montevideo y la reunión del G20 diez días después. Según la información oficial, ninguno de los dos gobiernos espera una reconciliación en esos encuentros.
La fuga, otro capítulo
A esa relación ya dañada se sumó la fuga de Flávio Bolsonaro. El excandidato cruzó por Misiones con una prohibición judicial de salir de Brasil, abordó un avión privado en Puerto Iguazú y llegó a Miami. El Gobierno sostiene que no hubo irregularidades, pero la Justicia federal investiga el episodio y la oposición denunció penalmente al Presidente. Para Brasilia, el paso del senador por territorio argentino es difícil de separar de la cercanía entre Milei y la familia Bolsonaro.
Una diplomacia de afinidades
Ni siquiera dentro del oficialismo hay unanimidad. El PRO, aliado de La Libertad Avanza, felicitó a Lula y pidió reconstruir el vínculo. Mauricio Macri hizo lo mismo.
El problema de fondo es un modo de entender la política exterior: los socios se eligen por afinidad ideológica y no por intereses de Estado. Esa lógica tiene un límite cuando el país con el que se rompe es el principal comprador de lo que la Argentina produce. Lula seguirá en el poder hasta 2031. Milei tendrá que convivir con él, al menos hasta el final de su mandato. La pregunta es cuánto le costará al país el tiempo que tarde en asumirlo.
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