Censura en Estados Unidos: la ofensiva de Trump contra el humor político

Censura en Estados Unidos: la ofensiva de Trump contra el humor político

En Estados Unidos está ocurriendo algo gravísimo. Lo explicó con claridad esta mañana la periodista Gail Scriben en un artículo de La Nación: un texto preciso y contundente sobre lo que está pasando con Donald Trump y la libertad de expresión.

Apenas 48 horas atrás, la cadena ABC, propiedad de Disney, despidió de forma inmediata al conductor Jimmy Kimmel, figura emblemática de los late night shows norteamericanos, tras un comentario en su programa que encendió una tormenta política.

Kimmel, que durante veinte años condujo su programa desde el Teatro El Capitán en Hollywood, había comparado irónicamente al asesino del activista conservador Charlie Kirk con los sectores más radicales del movimiento MAGA (Make America Great Again), el núcleo duro del trumpismo.

El comentario fue torpe, pero lo que vino después fue desproporcionado: Disney lo despidió ipso facto, y ahora se sabe que lo hizo bajo presión directa del gobierno de Trump.

Una orden desde el poder

El responsable de la maniobra fue Brendan Carr, titular de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), quien amenazó públicamente a Disney con sanciones y pérdida de licencias si no expulsaba a Kimmel. Carr, aliado ideológico del presidente, afirmó que el despido ocurriría “por las buenas o por las malas”.

Disney obedeció. Y en segundos, un humorista de trayectoria intachable fue censurado.

La noticia provocó una ola de repudio: desde actores y músicos hasta expresidentes como Barack Obama denunciaron la decisión, calificándola de un grave retroceso para la libertad de expresión. La “cultura de la cancelación”, tantas veces usada como bandera por la derecha estadounidense, ahora se aplica desde el propio poder.

Colbert, el antecedente silenciado

El caso de Kimmel no es aislado. Un mes atrás, Stephen Colbert, conductor de la cadena CBS, también fue despedido tras denunciar al aire un presunto soborno de 16 millones de dólares entre la dueña del canal y el entorno de Trump, en el marco de una fusión empresarial de 8.000 millones.

Colbert lo dijo frente a cámaras. Al día siguiente, estaba fuera del aire.
Trump festejó entonces la expulsión de Colbert, y ahora celebra la de Kimmel. En las últimas horas, apuntó también contra Jimmy Fallon, otro ícono del humor televisivo, sugiriendo que “deberían revisar su licencia”.

Trump contra la risa

Trump no soporta la sátira. En público llegó a declarar:

“Los canales que me critican tienen licencia. Tal vez deberían perderla.”

Esa frase resume la deriva autoritaria del líder republicano: un presidente que amenaza directamente a los medios que se ríen de él.
Su modelo, según reconocen analistas como Scriben, es el primer ministro húngaro Viktor Orbán, quien desmanteló la prensa libre en su país.

Y sus imitadores, advierten, ya no están tan lejos: Javier Milei, en Argentina, comparte el mismo impulso de convertir la crítica en enemistad y la disidencia en ofensa.

El ocaso de la libertad de expresión

La situación es alarmante. Trump no solo confunde poder con impunidad: está llevando a la principal democracia del planeta a un proceso de deterioro institucional sin precedentes.
Hoy, la censura ya no se ejerce desde la sombra, sino desde el propio gobierno. Y el humor —ese último refugio de la libertad— se ha convertido en su blanco predilecto.

Como escribió Gail Scriben, el mensaje es claro:

“Prohibido criticar a Trump.”

Y cuando la risa deja de ser posible, lo que se apaga no es un chiste. Es una voz.


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Francisco Sciaky

Periodismo